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A 25 años de la última aventura de la guerrilla argentina (por Pablo Waisberg)

De Agencia Telam. El 23 enero, 2014. En Argentina, Opinión. Tema: , . 976 Vistas

El asalto al cuartel de La Tablada pateó el tablero político pero sus efectos fueron exactamente los contrarios de los que habían imaginado los jefes del Movimiento Todos por la Patria (MTP). Las organizaciones de izquierda salieron a cuestionar el ataque, los abogados de los organismos de derechos humanos se dieron un fuerte debate interno antes de decidir si los defenderían y el gobierno de Raúl Alfonsín quedó más apretado que antes por los militares y los sectores que habían empujado las medidas económicas más conservadoras.

En las horas que siguieron a la rendición de los asaltantes, que salieron del cuartel luego de ser torturados, las críticas se multiplicaron. No sólo el entonces llamado “partido militar” habló de rebrote de actividades subversivas y ganó poder, también los que hasta ese momento habían sido amigos martillaron sobre el MTP en disolución: Jorge Lanata, que aún gastaba el dinero que le había girado Enrique Gorriarán Merlo para Página/12, los llamó “niños estúpidos e inconscientes” y “asesinos”.

El Movimiento al Socialismo (MAS) se solidarizó con los militares muertos. Incluso su dirigente Luis Zamora envió una corona al sepelio y algunos dirigentes llegaron a separar al MTP del amplio arco de la izquierda argentina. Y desde la UCR y el PJ no ahorraron críticas, denuncias ni condenas. Nadie había tomado conciencia aún de que dentro del cuartel se habían reproducido los crímenes de la última dictadura: hubo torturas, al menos tres fusilamientos sumarios y cuatro militantes desaparecidos (Iván Ruiz, José Díaz, Francisco Provenzano y Carlos Samojedny).

El 25 de enero, cuando no habían pasado ni veinticuatro horas de la rendición, Alfonsín anunció la creación de un Consejo de Seguridad Nacional (COSENA), que se integraría con el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. Además, promulgó el decreto 327/89 que permitía la intervención de la inteligencia militar en los asuntos internos y envió al Congreso nacional un proyecto de ley sobre terrorismo.

Tal fue el zarandeo del tablero político que generó la acción del MTP para intentar encender la llama de la insurrección, que los abogados de los organismos de derechos humanos evaluaron si los defendían o no. El Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) decidió no representar a los detenidos del MTP. Sus tres abogados plantearon que no representarían a los que tomaron las armas en democracia. En cambio, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) definió que sí participaría pero representando a los jóvenes y a los de bajos recursos, y no a los dirigentes.

Finalmente, se conformó un equipo de abogados que asistió a los trece detenidos dentro del cuartel y a los seis integrantes del grupo de agitación más el padre Antonio Puigjané.

En esas primeras jornadas parecía que el único respaldo venía del Uruguay. “Podrán haberse equivocado en sus previsiones pero no es hora de cobrar errores sino del abrazo fraterno a los que combatieron con coraje”, dijo Raúl Sendic, líder del MNL-Tupamaros, durante una discusión en la conducción de la organización. Los Tupas no sólo refugiaron a muchos militantes que cruzaron el río, también emitieron un comunicado en el que señalaron que “los compañeros se equivocaron” y lamentaban esa pérdida de militantes heroicos y desprendidos. “Pero también hay muchos que se equivocaron y se equivocan sin poner detrás una gota de sangre propia”, desafiaron.

En ese contexto, de fuerte derechización de la política, el intento insurreccional quedó oculto bajo la versión oficial de que intentaron frenar un golpe de Estado. Esa posibilidad no terminaba de ser creída, ni siquiera entre los sindicalistas de base con quienes el MTP había sondeado su análisis en las jornadas previas al asalto. Pero los militantes sostuvieron esa versión para tener alguna posibilidad de defensa en un juicio que fue veloz y ejemplificador: sólo se buscó el castigo para los insurgentes y no se tomaron en cuenta las denuncias por violaciones a los derechos humanos, que se perpetúan con la desaparición de cuatro militantes que se rindieron en un cuartel rodeado de militares y policías.

* Pablo Waisberg escribió junto a Felipe Celesia “La Tablada. A vencer o morir. La última batalla de la guerrilla argentina” (Aguilar).

 

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