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Apuntes de la semana

De NTI. El 13 noviembre, 2016. En Actualidad, Destacado, Política, Río Negro. Tema: . 177 Vistas

Ocurre por lo general que ante determinadas situaciones complejas, buscamos la síntesis. Encontrar en una palabra lo que dicen muchas voces, sobretodo si hablamos de hacer una lectura de la sociedad; que por su complejidad nos suele superar. Los comunes mortales no contamos más que con nuestro limitado acceso a la información, aunque sea paradójico en tiempos de tanta información que circula al alcance de un click es así; pero siempre buscamos definir, encontrar una característica que nos permita apropiarnos del momento, sentir que entendemos de que se trata.
Saber, como define la mayoría el momento, se convierte en un insumo básico para cualquier gobierno que al contar con los recursos necesarios para llevarlo adelante, pulsa sistemáticamente la opinión de la gente. Y ocurre que hay algo que aparece constantemente. La queja. Son coincidentes los comentarios de encuestadores a los que se les hace cada vez más difícil formular las preguntas sobre tal o cual dirigente, ya que antes se encuentran con una queja. Más allá de los procedimientos científicos, metodológicos que se utilizan para lograr obtener una opinión valida, la característica es común: la gente se queja, está molesta, disconforme.
Tal vez, ensayando una teoría de café, la aparición de las redes sociales de las cuales nos vamos transformando en rehenes día a día y generación tras generación. Han hecho que estar detrás de una pantalla otorgue cierta impunidad a la hora de expresarse y son un amplificador inconmensurable, que potencia las quejas. Inseguridad, inflación, pobreza, falta de trabajo, se llevan las principales quejas en cuanta encuesta se realice y no solamente en Río Negro, la cuestión va mucho más allá. La gran desigualdad, que crece y condena a quienes menos tienen, a un futuro donde no tienen lugar, en el que cada vez es mayor la demanda de empleados calificados, formados, para un mundo que se desarrolla tecnológicamente y excluye. Lamentablemente comienza a transformarse en el contexto.
Esta descripción, que se sustenta en la opinión coincidente de distintos encuestadores, bien podría extrapolarse a otras partes del mundo, en esto también estamos globalizados.
Esta semana, el mundo fue testigo de cómo Donald Trump se convirtió en el presidente electo de Estado Unidos, el país más poderoso de la tierra. Trump, un multimillonario, que personifica el “sueño americano” por sobre su forma de pensar y actuar que lo acercan más a liderazgos carismáticos y autoritarios que marcaron el siglo pasado y llevaron al mundo a dos guerras mundiales; recogió las quejas de la sociedad e hizo de ellas su discurso de campaña. Este triunfo, según coinciden la mayoría de los análisis que se consumen por aquí, recoge un malestar general ante la caída de un nivel de vida que muchos creyeron que con la globalización se podía lograr y ante el fracaso de ello, expresaron su queja votando a Trump. Ahí fue el voto que pone en jaque todo un sistema económico mundial del cual somos parte, como siempre dependientes y por ende refractarios de los movimientos sociales y económicos que suceden en el norte desarrollado. Recordemos que el consenso de Washington, como se conoce a la usina más importante del neoliberalismo, se dio en Estados Unidos en 1980 y diez años después se aplicó en nuestro país y en la región; lo de Trump es más cercano de lo que creemos.
Pero sin desentendernos de la motivación primera de esta columna. Los problemas más cercanos, inmediatos y palpables nos convocan.
La capital provincial fue el lugar donde los casos de inseguridad coparon la atención de los viedmenses, esta semana. Entraderas, asaltos a mano armada, una violencia en cada uno de ellos que cada vez es mayor. La situación es grave y urge una respuesta del gobierno. Una respuesta que en términos concretos, devuelva tranquilidad.
Es difícil encontrar una luz de esperanza, cuando desde el mismo poder no se sabe que hacer o se prioriza la chicana corta de cargarle las culpas al otro. Son varios los ejemplos, solo por destacar algunos que dejan en evidencia lo que afirmo, el juez de ejecución penal Ignacio Gandolfi, utilizo las redes sociales para compartir su impotencia y en una convocatoria que sorprendió por el medio que utilizo, pidió que todos se comprometan, que estén a la altura de la circunstancia ante el aumento de los robos calificados . Un juez que dice, en otras palabras que no hay compromiso o por lo menos no el que él considera necesario.
La policía por su parte, con el estigma de la muerte de uno de los suyos donde cada vez aparecen más indicios que involucran a la conducción de la regional, intentó en medio de los resonantes robos que ocurrieron en Viedma el último viernes realizar procedimientos espectaculares. El jefe de la fuerza el abogado Mario Altuna, participó de un allanamiento en el que se buscaba a los responsables de un robo a mano armada a una inmobiliaria. El resultado del mismo: negativo. Cuesta quedarse tranquilo si vemos que ocurren estas cosas.
Por su parte la conducción política de la capital provincial, en manos del municipio, se limita a derivar el problema a la provincia y a compartir como un vecino más, sus críticas y quejas por la inacción de la policía y el Ministerio de Seguridad, como si fueran ajenos al problema. Esa es la conclusión de varios vecinos que convocaron a una reunión al Secretario de Gobierno Pedro Sanchez y a la policía ante el aumento de los robos en su barrio, a los que les manifestaron sus quejas.
Este no es un año electoral, las quejas se manifiestan de distintas maneras y se conocen. Esas quejas están marcando una falta; denuncian y ponen en evidencia las consecuencias a las que estamos expuestos. La política debe dar respuestas. Y si no, las urnas hablaran y no podrán decir que fue una sorpresa.

Fuente/Autor NTI

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