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Argentina reclamará en el G-20 que se aplique un “rescate” a la producción

De NTI. El 17 junio, 2012. En Argentina, Economía. Tema: . 422 Vistas

La presidenta iniciará mañana su participación en la cumbre de Los Cabos. Hablará del euro, la crisis en la Eurozona y el salvataje a bancos.

Liderazgo político para resolver la crisis, un cambio copernicano en las recetas de ajuste y la necesidad de que el dinero que se inyecta en el sistema financiero sea derivado hacia la actividad productiva para poder reactivar la economía. Esos serán tres de los ejes principales que la presidenta Cristina Fernández llevará a la cumbre del Grupo de los 20 que comienza mañana.
La mandataria pasó buena parte de su fin de semana en Nueva York trabajando con los miembros del gabinete que la acompañan en esta ciudad, ajustando los detalles finales de la posición que el país planteará en la reunión de Los Cabos, donde la crisis europea, con epicentro por estas horas en Grecia, será el eje central de los debates.
Algunas de esas líneas argumentales que presentará en Baja California estuvieron presentes incluso, a modo de anticipo, en el discurso que la presidenta argentina ofreció a unos 40 empresarios estadounidenses con intereses en el país durante un almuerzo en el Consejo de las Américas con sede en Nueva York.
Seguramente estarán presentes también en la posición argentina comentarios vinculados a la administración del comercio y sobre las restricciones a las exportaciones argentinas que operan en los principales mercados, como Europa y los Estados Unidos, a partir de medidas paraarancelarias.

LIDERAZGO.

La presidenta suele comparar la devastadora crisis que enfrenta Grecia con el terremoto que demolió la actividad económica argentina en 2001. Encuentra paralelismos entre la Convertibilidad y el euro, que también pone a países con grados de productividad muy distintos en igual situación de política monetaria, como el modelo de Domingo Cavallo hizo con la Argentina y los Estados Unidos.
El razonamiento, que por simple no deja de ser contundente, es que Grecia no es Alemania, algo que los líderes europeos, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo parecen empecinados en no comprender.
Es por eso que Cristina Fernández reclamará una vez más al G-20 liderazgo para superar esa crisis. Hay en el fondo de ese reclamo un paralelismo con la Argentina en llamas de los presidentes efímeros pero también una advertencia sobre las profundas consecuencias políticas que puede tener el estallido en el viejo continente.
“La crisis está modificando el panorama político de Europa”, dijo la mandataria ante los empresarios estadounidenses el viernes y reseñó los cambios en Italia y en Francia, pero también en Japón y otros países del mundo. “Y lo más curioso es que pasan de gobiernos de derecha a izquierda y viceversa pero el problema no es ni de derecha o de izquierda, sino que hay un nuevo mundo que no se quiere aceptar.” En Los Cabos la presidenta tiene agendados dos encuentros bilaterales con mandatarios europeos. Se verá frente a frente por primera vez con François Hollande, el primer ministro francés; y con el premier ruso Vladimir Putin.

EL RESCATE AL MERCADO INTERNO.

Parte de la aceptación de ese nuevo mundo debería pasar por un cambio radical en las recetas para resolver las crisis, que se vienen aplicando a destajo en los últimos 30 años por igual con economías sin ningún punto de comparación. La misma experiencia de ajuste y endeudamiento que se impuso en la América Latina desde mediados de los 70, se aplica ahora en la Europa del siglo XXI. España es un ejemplo claro de ello.
El quiebre a ese recetario perimido, sostendrá Cristina Fernández en el G-20, pasa por derivar los fondos que ahora se destinan a salvar al sistema financiero a un programa de incentivo a la producción.
Para ello apela una vez más a los ejemplos locales. El propio, sí, pero el de América Latina en general. “El secreto del crecimiento está en el mercado interno. El capitalismo es consumo y necesitamos aumentar el consumo, no ajustarlo. Si no hay consumo, no va a haber crecimiento”, reflexiona la presidenta.
Sin llegar a un tono alarmista, Cristina Fernández considera que “se puede vivir una corrida contra el euro, como la que se vivió en la Argentina en 2001, cosa que no queremos pero no depende de nosotros”. Esa preocupación también la recibieron de primera mano los empresarios que almorzaron con la presidenta en la sede del Council de las Américas en Park Avenue.
Pero la postura argentina no se agota en que el rescate al sistema financiero se traslade al mercado de la producción de bienes y servicios, una línea argumental que la mandataria argentina expresó varios años atrás durante una cumbre de presidentes en la que Gordon Brown era el anfitrión.
El país reclamará que ese rescate sea “vigilado y controlado” y que el dinero fluya directamente hacia los sectores que no tienen capacidad de ahorro, porque son ellos los que hacen funcionar la rueda del mercado interno.
“El capitalismo también cayó en un pensamiento único y los pensamientos únicos siempre son malos. Por eso hay un gran desafío de todos los que tienen responsabilidades para que este crecimiento que hemos venido sosteniendo los emergentes, como China, India, Brasil, Argentina y toda la América del Sur, no se detenga”, les advirtió la presidenta a los empresarios estadounidenses.

EL COMERCIO ADMINISTRADO.

Entre los borradores de trabajo del Hotel Mandarine Oriental, donde la presidenta se aloja en su estadía frente al Central Park, también aparece como uno de los ejes centrales las restricciones a las importaciones que aplica la Argentina y las que padece de parte de las principales economías del mundo.
Como es ya una tradición, en su paso por la capital financiera mundial, Cristina puso como ejemplo de las restricciones que afectan a la Argentina la imposibilidad que tiene el país de vender sus limones o su carne en el mercado de los Estados Unidos. O relató los pesares de un productor arrocero de Entre Ríos que enfrenta un arancel del 400% para vender arroz en Japón, tanto como productores de manteca que deben pagar el 125% de penalidad para ingresar a la Unión Europea.
“Nuestro arancel más alto es del 35%, pero resulta que después uno va a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y esos países nos acusan de no respetar las reglas”, se queja la presidenta.
Producción, comercio y consumo; mayor liderazgo político y control al sistema financiero, vuelven una y otra vez en el discurso presidencial, y seguramente estarán presentes en el planteo ante sus pares de las economías más ricas del mundo.

Fuente: Diario Tiempo Argentino

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