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Cuando se caen las caretas se termina la obra

De NTI. El 25 enero, 2014. En Argentina, Opinión. Tema: , , , . 482 Vistas

Bastaron sólo 23 días de furia -y calor- para que se desmoronara un relato económico ficticio. Y aunque se apele a la intrincada semántica para minimizar el proceso, devaluación e inflación son las dos palabras que el gobierno no puede esconder más.

Comenzamos el nuevo año con un valor de dólar oficial a $6,50 por unidad. Cerramos ayer viernes con un precio de $8,02 por la misma unidad. Es decir, en sólo 20 días de este nuevo año el Peso se “devaluó” un 25% frente al Dólar. Y si comparamos con igual fecha pero de hace un año atrás esa devaluación es del 62% ya que en enero de 2013 1 dólar costaba 4,77 pesos.

Comenzamos también el año con un “acuerdo de precios” entre el gobierno y los grandes supermercados y empresas elaboradoras de consumibles domésticos que, anunciado 30 días antes de su implementación, dio tiempo a los vendedores para subir un 30% los precios respecto de los que tenían hasta el momento de su anuncio… Aun así ese acuerdo hoy, apenas 19 días después de haber entrado en vigencia, corre riesgos de morir en el intento…

El lunes se conocerán más medidas del gobierno tendientes a hacer más atractivo el Peso, para que la gente “se refugie” en él y “no escape” al dólar, entre ellas el nuevo valor de la tasa de interés que fija el Banco Central de la República Argentina. La información que se maneja por este momento es que esa tasa subirá hasta el 25% para plazos fijos hasta 90 días.

Es decir que si comparamos las tres variables: Valor de cambio, tasa de interés y variación de precios, todo confluye al 25-30%. Eso, acá, en la china, hace 50 años y hoy, se llama inflación. Como diría un amigo, “padre chancho hijo lechón, no hay como errarle”.

Ahora bien. El resultado está sobre la mesa, hay inflación. ¿A qué se debe?

El gobierno dice que a una conspiración destituyente. Un golpe de estado económico pergeñado por los grandes grupos concentrados que no quieren perder su histórica participación en el reparto de la renta.

Así entonces, y sólo como ejemplo, basta mencionar la acusación que el gobierno ha hecho contra la empresa Shell por, según dice, hacer subir el valor del dólar comprando 5 millones de esa moneda (oficial) a un valor superior al que tenía. En el momento de la supuesta maniobra el dólar costaba $7,30 y la dilapidosa Shell quiso pagarlo y lo pagó $8,40.

Cuesta creer que alguien quiera pagar algo más caro de lo que vale, y mucho más cuesta creer que quien autoriza esa venta – el BCRA- lo permita… porque hay que decirlo, Shell no fue a una cueva de la calle Florida a comprar el “Blues”, fue a 3 bancos autorizados a vender “verdes” oficiales. Y en un “régimen de flotación administrada y restringida” como el que se tiene en argentina, el único que autoriza las operaciones de compra-venta de divisas es el BCRA. ¿Por qué autorizó la operación si había una maniobra especulativa? De eso nadie habla.

Pero esa es su escusa, el diagnóstico del gobierno: La especulación… a la que en cualquier momento además calificarán también como “estacional”, ya que si se recuerdan las últimas grandes devaluaciones y corridas cambiarias fueron también en verano: 1989 y 2002.

Pero hay otra visión, otro diagnóstico, de economistas que no comulgan con el Kirchnerismo, aunque también, huelga decirlo, de políticos afines al gobierno, pero críticos y de pensamiento autónomo, que dice que el problema está en la alta emisión monetaria inducida por el déficit fiscal.

En esa otra visión se cree que el déficit fiscal rondaría de 150 a 200 mil millones de pesos, o 6% del PBI, según como se lo mida.

En esta visión “monetarista” del asunto se cree que el mercado (la gente y las empresas) considera que un valor real de la moneda va en línea con la masa monetaria local circulante sobre las reservas que existen en el Banco Central. A mayor cantidad de pesos en circulación, menor su precio.

Entonces, si hay 30.000 millones de verdes en el banco y hay 360.000 millones de pesos circulando, la cuenta que el mercado hace es simple: $12 por cada u$s1.

Según esta visión, para que el dólar no suba más su precio en pesos lo que hay que hacer es cortar con la emisión de billetes locales. Ponerle freno a la maquinita, digamos.

En esta línea de pensamiento, como dijimos, están muchos economistas “ortodoxos” como Prat Gay, Redrado, Lopez Murphy, Lavagna, etc…  los sospechosos de siempre, digamos… pero también algún que otro político peronista, otrora nene mimado de Cristina… no, no es de Massita de quien hablamos… es Maurice Closs.

El gobernador de Misiones, Maurice Closs, se manifestó a favor de la devaluación de la moneda argentina, pero pidió, al mismo tiempo, la reducción del déficit fiscal y de la emisión monetaria.

Según Closs, los problemas actuales devienen de medidas resueltas luego de las elecciones de octubre de 2011, “cuando comienza a adoptarse una heterodoxia muy particular, que dinamitó los pilares de nuestra economía como el superávit fiscal, el comercial y el tipo de cambio competitivo. El Gobierno se empecinó en mantener un régimen cambiario que para entonces ya estaba atrasado”.

Seguidamente, señaló: “Esto afectó a las economías regionales y bajamos las exportaciones en un 50%. Lo que pasa ahora tiene un costo altísimo ya que el mayor problema es precisamente la pérdida de reservas. Teníamos cerca de 57 mil millones de dólares y hoy por no haber puesto un tipo de cambio correcto, haber emitido plata y pagar deudas con reservas, se redujeron a 29 mil millones de dólares”.

Achicar el déficit fiscal requerirá encontrarle una solución definitiva al tema de los subsidios a la energía y el transporte que, en más de un 70% de su volumen total (que supera los 80 mil millones de pesos anuales), el gobierno nacional vuelca en la ciudad de Buenos Aires y su conurbano bonaerense.

También, además de frenar la maquinita impresora de billetes y eliminar algunos subsidios, se hace necesario incentivar las exportaciones para que entren más billetes verdes al BCRA. Y si nos pusiéramos exquisitos, porque no pedir también hacer política económica para atraer más inversiones extranjeras, muchas más de las pocas que están viviendo.

Haciendo estas tres cosas, coordinada y coherentemente, ayudará en gran medida a contener la inflación que es el mayor de los males. La inflación es la que se come el salario de los trabajadores y elimina la previsibilidad financiera que todo comercio/industria requiere para proyectar sus planes futuros.

Pero para lograr esto hace falta que el gobierno deje de mentir(se) y acepte las cosas como son… porque, como dijo el General Perón, “la única verdad es la realidad”.

 

Fuente/Autor NTI

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