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De manifestaciones, revoluciones y golpes de Estado

De NTI. El 20 febrero, 2014. En Destacado, Mundo, Opinión. Tema: , , , . 905 Vistas

Estamos siendo testigos de una nueva manifestación de protesta social. Esta vez en la República Bolivariana de Venezuela. Por las características de la misma podríamos denominarla mega protesta social ya que involucra a muchas ciudades importantes de ese país y moviliza a ciento de miles, millones, de ciudadanos a la calle requiriendo al gobierno cambios políticos y económicos.

No es la primera manifestación de este tipo que se da en los últimos años, y a la luz de varios análisis globales, tampoco será la última.

En los últimos cuatro años este tipo de manifestaciones se han dado en España, Grecia, Tunes, Egipto, Chile, Argentina y ahora también, a la par de Venezuela, en Ucrania.

En algunos casos como en Tunes y Egipto, claramente el motivo era “destituyente”, o mejor dicho, revolucionario, ya que lo que se planeaba allí era el fin de un régimen político dictatorial y su reemplazo por otro de tipo democrático. Esto se conoció como “La primavera árabe”, algo que los demócratas de muchos lados del mundo aplaudimos a rabiar.

Pero en otros casos como en España, Argentina y Chile no. Los manifestantes no perseguían la caída del gobierno sino un cambio en su actitud y en las políticas de éstos.

En España, el movimiento de los indignados, claramente protestaba por la falta de trabajo, la recesión económica, las pérdidas de sus viviendas por no poder pagar las hipotecas y la falta de contención social a la crisis. El presidente Zapatero no supo cómo atender a esas quejas en tiempo y forma y ello derivó en la pérdida de las elecciones regulares a manos de Rajoy (que dicho sea de paso tampoco le está encontrando la vuelta a la cosa, así que mejor se puede ir preparando para el resurgimiento de los indignados).

En Chile, el movimiento estudiantil, liderado por Camila Vallejo, ganó la calle en protesta a las políticas educativas del gobierno conservador de Enrique Piñera. No pretendía derrocar al gobierno sino que éste universalizara la educación superior haciéndola gratuita, como lo es en argentina. Piñera se negó a tal reforma profunda y eso derivó en la pérdida de las elecciones regulares a manos de la socialista, y ex presidenta, Michelle Bachelet, que sí supo interpretar el reclamo de la gente e introdujo tal reforma en su plataforma electoral.

En argentina, movimientos como el #8N, que congregó a casi 3 millones de argentinos que marcharon pacíficamente a las calles porteñas y de las ciudades más importantes del país, y la última crisis policial, tampoco pedían el derrocamiento del gobierno de Cristina Fernández sino un cambio en su actitud y en algunas políticas económicas, fundamentalmente el control de la inflación, el aumento de los magrísimos sueldos de la fuerza policial y en darle un corte a la corrupción. Pero, al igual que sucede ahora en Venezuela, el gobierno no lo interpretó así y sacó del ropero viejos fantasmas “destituyentes” y denunció golpe de estado, policial, económico y de todo tipo. Así le fue en las últimas elecciones de medio término.

Igual es el caso de Venezuela. Esta ola de manifestaciones comenzó con la movilización de estudiantes universitarios que reclamaban “seguridad” motivados por un intento de violación de una alumna dentro de una universidad. No fueron oídos por el gobierno chavista. Por el contrario, apalearon a los pibes y metieron presos a algunos de sus líderes. Echaron nafta al fuego, digamos. Y eso motivó más bronca y más gente en la calle que, plegándose al reclamo estudiantil original, también reclaman por cambios en las políticas económicas (inflación, desabastecimiento) y porque bajen los niveles de soberbia y totalitarismo del gobierno.

La reciente detención del líder opositor Leopoldo López no hace más que profundizar el error el gobierno que, como en argentina, se victimiza y denuncia un golpe de estado manipulado por la CIA desde Miami y Madrid vía uso de las redes sociales.

Una locura. Un engaño. Que sólo demuestra la imposibilidad de estos gobiernos de reconocer sus propios errores y la ineptitud para enmendarlos… y que apelan a estas mentiras y tergiversaciones porque no pueden más echarle las culpas a “la herencia recibida” ya que llevan más de una década en el poder y sus antecesores fueron sus propios  líderes políticos, Hugo y Néstor.

Por otra parte, un hecho por demás paradójico es que quienes esgrimen estas denuncias “destituyentes”, tanto Cristina Fernández como Nicolás Maduro, parecen haberse olvidado de su pasado.

El movimiento chavista, actualmente en el poder en Venezuela desde hace casi 14 años, nace del intento de un verdadero golpe de estado liderado por Hugo Chávez, en su calidad de Coronel del Ejército Venezolano, contra el entonces presidente constitucional Carlos Andrés Pérez.

Y nuestra presidenta registra en los anales de la historia una frase pronunciada a fines del año 2001 cuando tambaleaba en la incertidumbre de acción el gobierno, también constitucional, de Fernando de la Rúa: En la sesión del día 20 de Diciembre de 2001, la entonces senadora Cristina Fernández de Kirchner expresó que “Dada la situación anómica que ofrece el Gobierno Nacional y en virtud de la circunstancia de saqueo y caos (…) es imprescindible y urgente que el Dr Fernando De la Rua presente su renuncia a la presidencia de la Nación y entregue el gobierno de manera perentoria. De lo contrario será responsable de las dramáticas consecuencias que provoca esta impotencia de gestión”.

Es decir que, para algunos líderes, está bien una actitud destituyente o un golpe de estado cuando lo hacen ellos, pero está mal cuando se lo hacen (aunque sea mentira) a ellos. Esto no es una actitud democrática. Una actitud democrática es atender el reclamo de la gente, solucionarle sus problemas y gobernar para el conjunto de la sociedad, del pueblo, y no solamente para la facción que los apoya.

 

Fuente/Autor NTI

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