NTI

Después del 22-O: el cambio iniciado ya no es un hecho fortuito

De NTI. El 25 octubre, 2017. En Actualidad, Argentina, Destacado, Opinión. Tema: . 54 Vistas

Por Jesús Rodríguez*.- Los resultados del 22 O son muy útiles para desacreditar varias afirmaciones de la “sabiduría convencional” en materia electoral. Para los que piensan que en el interior del país el triunfo es siempre para los oficialismos, La Rioja, Neuquén, Salta y Santa Cruz son buenos ejemplos de la posibilidad del fin de los regímenes feudales, modernizantes u oligárquicos, a condición de que se construyan amplias coaliciones políticas. Así lo enseñan las experiencias de Catamarca en 1991 y de Corrientes en 2001, en ambos casos a través de coaliciones lideradas por la U.C.R.
En otro terreno analítico, los números de las urnas pueden ser explicados por el cotillón de una campaña electoral si uno está dispuesto a creer que Raúl Alfonsín fue elegido presidente en 1983 solo porque a Herminio Iglesias se le ocurrió prender fuego un ataúd con su imagen, en el acto de cierre de campaña del peronismo, en la Avenida 9 de julio.La noción de los aparatos políticos invencibles ya fue desmentida por Graciela Fernández Meijide en la Provincia de Buenos Aires en 1997 y ahora, en ese “conurbano infinito” del que habla Rodrigo Zarazaga S J, las listas locales de Cambiemos aumentaron su representación y son una alternativa competitiva al triunfar en 11 de los 24 distritos del Gran Buenos Aires. En el mismo sentido, la candidatura a Senadora de Cristina Fernández de Kirchner obtuvo menos votos en la provincia de Buenos Aires que Daniel Scioli, su derrotado candidato a Presidente en 2015.
Otra repetida e incierta afirmación es que el bolsillo determina el voto. Si así fuera, con una realidad bien distante de ser la de una sociedad satisfecha en el contexto de una economía floreciente y rampante, el resultado electoral sería bien distinto.
En rigor, la situación económica puede conducir a un gobierno a una derrota electoral, pero excepcionalmente es la razón de un triunfo en las urnas.Así, los datos del comicio solo pueden entenderse desde la perspectiva de la aceptación social a la sustantiva proposición política formulada por Cambiemos, en el sentido de confirmar la voluntad de dejar atrás la experiencia del proyecto político más largo de los últimos ochenta y cinco años, caracterizado por el populismo político, el facilismo económico y un extravagante alineamiento internacional.
Ahora, una vez que Cambiemos con su vitalidad electoral demostró que el cambio iniciado hace dos años no fue un hecho casual y fortuito, y que no es una anécdota de circunstancia entre dos gobiernos peronistas, es el momento de afrontar el reto de superar el estancamiento secular de la economía argentina. Hoy cuando se verifica una creciente coincidencia, en partidos políticos y sectores del trabajo y la producción, en que la fortaleza de las instituciones es determinante para explicar el resultado económico – aún más que la propia dotación de recursos naturales de un país- los argentinos nos enfrentamos a un desafío decisivo: demostrar aptitudes para salir del triste sitial de estar ubicados entre los peores casos en el mundo – en términos de crecimiento económico por habitante entre los años 1974 y el presente- detrás de países azotados por catástrofes naturales y por guerras fratricidas como, por ejemplo, Guatemala.
Para ello, la Administración, la coalición Cambiemos y el peronismo tienen que estar a la altura de los retos y, tomando en cuenta las experiencias exitosas de otros países, ser capaces de acordar políticas públicas prioritarias construidas con una mirada estratégica que exceda los horizontes temporales de los mandatos representativos. Los funcionarios deben evitar repetir el error de creer, como lo hicieron algunos al inicio de la gestión, que el solo triunfo electoral genera las condiciones necesarias y suficientes para iniciar una etapa de crecimiento económico.
En relación a Cambiemos, deberá insistir en el ejercicio del llamado gradualismo como práctica política, demostrando que se trata de una convicción que no está relacionada con el número de legisladores sino con la certeza que la firmeza en el rumbo solo es posible a través de la construcción de consensos.
El peronismo, por su parte, deberá revisar su adhesión al movimientismo, categoría que atribuye la condición de enemigos a aquellos que no lo integran, y reconocerse solo como una parte y no la expresión única del pueblo y de la Nación como un todo.

*Economista y político (UCR). Auditor General de la Nación.  Artículo de opinión publicado en el Diario Clarín, a propósito del resultado de las elecciones 2017

Fuente/Autor NTI

NTI

Redacción Central Nuevo Tiempo Informativo - redaccion@nuevotiempo.info

Ver otros artículos de NTI

Comentarios sobre esta nota: