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El mundial de Internet (por Diego Sánchez)

De Agencia Telam. El 28 marzo, 2014. En Internet, Mundo, Opinión. Tema: , , . 533 Vistas

Brasil acaba de darle media sanción al Marco Civil de Internet, un proyecto que reglamenta derechos y obligaciones de usuarios, proveedores y gobierno. Redactado hace más de cuatro años, fue el reciente escándalo de espionaje norteamericano el que permitió apurar su tratamiento legislativo. El derrotero de esta ley ofrece ejes para leer la geopolítica actual y la creciente demanda por pensar el futuro de la red al calor de las tensiones referidas a la soberanía nacional.

Por estas horas, la Cámara de Diputados del Brasil acaba de aprobar el llamado Marco Civil de Internet, un proyecto que busca definir derechos y deberes de usuarios y proveedores, así como determinar los márgenes de intervención del Estado en la materia. El proyecto ahora sigue su rumbo hacia el Senado y aunque todavía es temprano para hacer una lectura definitiva, la media sanción marca un hito y dibuja un paisaje. Si bien temas como la neutralidad de la red o la privacidad explican el espíritu del proyecto, hay otro eje que también atraviesa su discusión: el escándalo de espionaje que involucra a los Estados Unidos y que obliga a países como Brasil -y por qué no también Argentina-, a pensar el futuro de las telecomunicaciones en el contexto de su soberanía nacional y la actualidad geopolítica.

El Marco Civil nació a fines de 2009 como un proyecto orientado a “consolidar derechos, obligaciones y principios para el uso y desarrollo de Internet en Brasil”. Hasta mayo de 2010, el borrador estuvo sometido a una serie de consultas públicas, un proceso colaborativo amplio que derivó en más de 2000 contribuciones. El resultado fue un texto fundacional, una “carta de derechos” que reconocía el principio de neutralidad de la red, defendía la privacidad, y concebía la vida digital desde una perspectiva “civil” y no “penal”. El 24 de agosto de 2011, el proyecto ingresó al Congreso. Sin embargo, pasó todo 2012 y gran parte de 2013 en la larga siesta de los cajones legislativos.

En julio de 2013 una noticia lo sacó del letargo: el diario O Globo publicó documentos que aseguraban que la CIA y la NSA habían interceptado millones de mails y llamadas de ciudadanos brasileños, incluyendo a la propia presidenta Dilma Rousseff. La revelación causó fricciones diplomáticas al tiempo que puso en escena la imposibilidad de la justicia brasileña de investigar un caso que afectaba a sus ciudadanos: la información recogida por la NSA estaba alojada en servidores ubicados dentro de los Estados Unidos. El ministro de Comunicaciones, Paulo Bernardo Silva, llegó a caracterizar a este conflicto como un “asunto de soberanía nacional”. Rousseff vio en el Marco Civil una posible salida: el 11 de septiembre pasado pidió su urgente tratamiento a la Cámara de Representantes.

“La historia -parcial- del Marco Civil puede ser leída como una parábola sobre la correlación de fuerzas actual, los intereses políticos y económicos, el empoderamiento social y la siempre resbaladiza maquinaria normativa relacionada a Internet.”

Así, motorizado por el escándalo, el proyecto de Marco Civil llegó a Diputados donde se sometió a un intenso debate parlamentario. La apuesta “de máxima” no llegó a concretarse: el artículo 12, que instaba a compañías como Google o Facebook a almacenar los datos de los brasileños dentro de sus fronteras nacionales, fue eliminado para garantizar la aprobación del proyecto. La oposición lo cuestionaba por considerar que derivaría en altos costos para los usuarios. La sombra terrible de la NSA, sin embargo, no desaparecería del recinto: los diputados oficialistas enfatizaron el rol del artículo 11, que obliga a todos los proveedores de servicios a someterse a las leyes brasileñas.

La historia -parcial- del Marco Civil puede ser leída como una parábola sobre la correlación de fuerzas, los intereses políticos y económicos, el empoderamiento social y la siempre resbaladiza maquinaria normativa relacionada a internet. Si bien la ley sufrió algunas modificaciones que alteraron su impronta original, no deja de ser una experiencia interesante y hoy titila como un posible modelo para otros países. A su vez, confirmó hasta qué punto el escándalo de espionaje significó un punto de inflexión en la mesa de negociaciones mundial y en las prioridades locales. El retroceso norteamericano en la arena geopolítica no sólo se observa en Crimea o en el match diplomático que Obama perdió con Putin en relación al conflicto sirio, sino también en el ascendente cuestionamiento a su hegemonía sobre la vida digital. Días atrás, Estados Unidos sorprendió anunciando que no renovará su contrato con ICANN, la organización encargada de asignar los dominios de internet. Las responsabilidades de ICANN son fundamentales para el funcionamiento de la red y hoy ese poder es potestad de los Estados Unidos. A partir de septiembre de 2015, el control será cedido a la “comunidad internacional”, menos por beneficencia que por el ruido de un gallinero global agitado. Este nuevo escenario político parece traer consecuencias también en el mapamundi de internet; la idea de una red sin fronteras, democrática, respetuosa de la autodeterminación y la privacidad se pone a prueba. Y como parece mostrar la experiencia del Marco Civil, su defensa, paradójicamente, no excluye ni a la política ni a los Estados.

Diego Sánchez @diegoese

 

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