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El Teorema de Baglini vs. Dictum de Acton

De NTI. El 20 junio, 2013. En Argentina, Opinión. Tema: , , , , . 1678 Vistas

A fines de los ´80, el mendocino Raúl Eduardo Baglini, reconocido dirigente de la Unión Cívica Radical, desarrolló una teoría que rápidamente fue aceptada por todo el arco político vernáculo. Dice que “cuanto más cerca del poder está un político más moderado se vuelve, y cuanto más lejos, más irresponsable o utópico.”

Dicho teorema político fue enunciado en momentos en que el entonces presidente de la república, Raúl Alfonsín, proclamaba la “economía de guerra”, el “Plan Austral” y algunas “privatizaciones” para sanear la economía argentina, contener la inflación y modernizar el Estado, y que eran contrastadas desde la oposición , fundamentalmente Justicialista, que ya armaban un próximo escenario de gobierno planteado todo lo contrario, “revolución productiva” y “salariazo” mediante, que finalmente los depositaría en el gobierno para hacer todo lo contrario, “porque si decían la verdad no los votaba nadie”.

Lo cierto es que Baglini, algo de razón tenía. Y sólo basta estar un poco cerca de las responsabilidades del poder para darse cuenta que las ideas que se plantean en una mesa de café o la sobremesa de una cena con amigos, se vuelven idílicas a la hora de plasmarlas en políticas de estado.

Pero lo que Baglini no dijo, no por desconocerlo, sino porque es políticamente incorrecto hacerlo, es lo que intentaremos armar en este artículo.

Mucho antes de Baglini, otro célebre pensador político, no argentino, John Emerich Edward Dalkberg Acton, más conocido como Lord Acton, enunció otra teoría que se conoce con el nombre de “Dictum de Acton”: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Al mencionar corrupción no lo hacemos con la intención de la manifestación del ilícito económico, que es, huelga decirlo, la máxima metáfora de la acepción, sino haremos hincapié en su concepción política. Quien detenta poder tiende a querer detentar el poder absoluto. Esa es la corrupción del poder.

Y los hechos ocurridos con el poder kirchnerista, o su etapa superior actual, Cristinista, hacen más gala de este último teorema que el del radical mendocino.

El 54% de los votos obtenidos en la elección del 2011 y las muchas manifestaciones de aceptación popular sucedidas a la luz de grandes obras de gestión gubernamental, como por ejemplo la nacionalización de YPF, la Asignación Universal por Hijo y el Plan Conectar Igualdad, por citar sólo algunas de las muy buenas realizaciones de Cristina Fernández, están llevando a la presidenta de la gente a confundir el poder con el poder absoluto. Muestra de ellos son sus últimas rencillas con el Poder Judicial por el veto parcial que éste osó realizar a la reforma judicial, al declarar inconstitucional la elección de los consejeros al Consejo de la Magistratura por el voto popular.

El kirchnerismo, azuzado por la dialéctica de su líder natural, hoy ataca a esta Corte Suprema como antes todos, incluidos ellos mismos, atacaban a la Corte Menemista, acusada, servilleta de por medio, de servil a los designios de Carlos Menem.

Aquella Corte fue, gracias a la buena intención e inteligente interpretación de los tiempos, desmantelada, corregida, por Néstor Kirchner, quien, en sus propias palabras, la llenó de ilustres doctos que cuidarían verdaderamente la salud de la república.

Y así lo han hecho. Y así lo están haciendo. Pese que con ello se ganen la ira de la actual mandataria.

Porque, ante todo, esa es la Corte del Pueblo también. La que eligió Néstor sobrellevando el 22% de los votos y la que apoyó todo el país. La misma que falló en contra de la dolarización de la economía y la misma que falló contra los indultos, el punto final y la obediencia debida.

Una Corte que, con sus fortalezas y debilidades encima, con sus grandezas y sus miserias, siempre ha tenido bien en claro y honrado su misión como Poder del Estado. Y hoy, llegado el momento de hacerlo notar claramente, lo ha hecho. No permitirá que nadie, ni esta presidenta ni los que la puedan suceder, corrompan el sistema político transformándolo en absolutista.

 

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