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Es el Cañadón no la Grieta, señora.

De NTI. El 15 diciembre, 2013. En Argentina, Opinión. Tema: , , , , , . 804 Vistas

La Grieta, es la palabra que eligió el periodista Jorge Lanata para significar el concepto del filósofo Ernesto Laclau, de “confrontación” necesaria que debe imprimir un gobierno para “partir” a la sociedad en dos.

“Sin confrontación ningún sistema político democrático es viable (….) El kirchnerismo tiene que demostrar  que la sociedad está partida en dos, y tener consignas que ilustren la disyuntiva de la hora, como Braden o Perón. Hay que poner las cosas en blanco sobre negro”, dijo Laclau a la revista Zoom. Y así nació, según Lanata, la Grieta.

No han sido pocos los políticos argentinos que en estos jóvenes 30 años de Democracia han apelado a este concepto, tal vez de manera menos sofisticada que el kirchnerismo, pero no por eso menos eficiente.

Raúl Alfonsín lo usó en su campaña de 1983 para marcar las diferencias que tenía con el peronismo de entonces, y apeló como mayor instrumento a la denuncia del pacto Sindical-Militar. Un supuesto acuerdo entre representantes de los sindicatos (el centro neurálgico del partido peronista) y los militares en vías de abandonar el gobierno.

A través de la denuncia de ese arreglo político —que de acuerdo a las encuestas fue considerado por el grueso de los electores como algo real y negativo para el destino del país— Alfonsín logró identificar a su principal oponente con el pasado inmediato, con el conflictivo periodo 1974-1976, y con la dictadura. Esa jugada política fue efectuada  en un momento en que los consultores coincidían en que la intención de voto por la UCR se había estabilizado en tanto crecía la del peronismo.

Carlos Menem también uso esta estrategia en varias ocasiones. Yo o el caos, fue su frase favorita para poner a los argentinos en la disyuntiva de elegir entre la previsibilidad económica de su gobierno o el caos al que conduce la incertidumbre, representado en el partido radical que, en honor a la verdad, nunca entendió nada de economía al punto tal que sus dos presidentes (Alfonsín y De La Rúa) debieron dejar el poder antes de tiempo en medio de profundas crisis económicas.

Pero  en los últimos años esa dicotomía se ha profundizado, agrandando la Grieta de Lanata y pareciéndose más a un Cañadón.

El cañadón no sólo separa a unos de otros a cada lado, sino lo que es más trágico, separa el mundo virtual que se ha configurado el gobierno, del mundo real en el que nos toca vivir al resto de los argentinos.

El gobierno y los suyos han construido un ideal épico del ahora muy parecido al del Quijote de Cervantes. Cristina, La Capitana, es la hidalga que lucha contra los gigantes (cipayos conspiradores, neoliberales desestabilizadores de siempre) en busca de liberar a su pueblo de la opresión… a cualquier precio.

Empezó su lucha enfrentando al campo. Veía gigantes oligarcas, avaros rentistas de ganancias extraordinarias que con a un yuyo maldito estaban terminando con la vida del pueblo.

Continuó con los medios de comunicación mentirosos y monopólicos que impedían la pluralidad de voces y secuestraban los goles de todos.

Y ahora va por los sediciosos-conspiradores, asociación ilícita conformada entre policías, delincuentes y políticos de derecha que, con precisión quirúrgica quieren desestabilizar a su gobierno.

Pero el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, lo sabemos, estaba equivocado.

¡Los gigantes son molinos!… le gritamos a viva voz desde el otro lado del cañadón a la Presidenta.

Pero el cañadón es muy grande y no se escucha del otro lado.

Así, los oligarcas del campo siguen vivitos y coleando porque hace rato que dejaron la estancia en manos laboriosas de pequeños minifundistas y contratistas rurales. El yuyo, mientras los precios internacionales lo situaron por encima de los 500 dólares, salvó las reservas de divisas del país y los grandes ganadores resultaron los concentrados exportadores del cereal y los pooles de siembra que acrecentaron la cantidad de tierras cultivables en su poder, incluso depredando bosques y montes.

Así también los grandes monopolios mediáticos se acomodaron (como siempre lo han hecho) a las nuevas reglas de juego sin perder ni un solo centavo de su inconmensurable fortuna y ni un solo espacio dónde poner su voz. Por el contrario, ganaron nuevos espacios para  diversificar sus negocios acaparando el espectro de las telecomunicaciones.

La embestida contra el tercer gigante se pagó con muertes.

Mientras los escuderos de la hidalga capitana festejaban en la plaza central de la capital el triunfo de la institucionalidad democrática, en el interior profundo del cañadón un pueblo lloraba por sus muertos.

Entre esos muertos un chino fue calcinado dentro de su local comercial, al que luego de entrar a robar, los saqueadores prendieron fuego.

También en ese interior profundo del cañadón se lloraba por un policía del Chaco que no se había plegado a la protesta con sus subordinados y salió a frenar los disparos que los comerciantes, auto defendiéndose de los salvajes ataques, realizaba contra la turba de saqueadores. Una bala perdida le dio en la ingle.

Por eso, lo peor del cañadón ya no es quien está de un lado o del otro sino que los que unos  dicen ver y defender sólo existe en sus acaloradas mentes. La realidad es otra y la peor de esas realidades se encuentra en el fondo, dónde cayeron muchas vidas y se han producido muchas muertes.

En el fondo del cañadón se encuentran esperanzas robadas, generaciones perdidas. Y para recuperarlas hace falta que quien nos gobierna asuma la idea que no sólo no es héroe, sino que, como en la historia del Quijote, ya no hay héroes.

 

Fuente/Autor NTI

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