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Homenaje a Scalabrini Ortiz

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Un 14 de febrero de 1898 nació, en Corrientes, este pensador y escritor fuera de serie, que sentó las bases del pensamiento nacional. Apasionado investigador de los mecanismos de dominación colonial británica en la Argentina, fue historiador, filósofo, periodista, poeta y ensayista. Murió el 30 de mayo de 1959. Aquí, sus frases más memorables, de sorprendente vigencia.

1. “Nuestra liberación será obra…

de nuestra constancia, de nuestra fe y de nuestro valor. Saber que se está construyendo una patria es un estímulo bien grande para nuestras pequeñas vidas. Más no olvidemos que toda obra grande es producto de la acción, no de la meditación ni de la esperanza. La propiedad y la libertad se conquistan”.

2. “Luchar es …

en cierta manera sinónimo de vivir. Se lucha con la gleba para extraer un puñado de trigo. Se lucha con el mar para transportar de un extremo a otro del planeta mercaderías y ansiedades. Se lucha con la pluma. Se lucha con la espada y el fusil. El que no lucha se estanca, como el agua. El que se estanca, se pudre”.

3. “El pueblo escucha,…

mira, coteja y continúa en silencio su tráfico habitual. El pueblo tiene esos desplantes de gran señor, porque la conciencia del pueblo sabe adonde va aunque lo ignore cada uno de los individuos que lo componen”.

4. “En 1930 yo había alcanzado…

el más alto título que un escritor puede lograr con su pluma: el de redactor de “La Nación”, cargó que renuncié para descender voluntariamente a la plebeya arena en que nos debatimos los defensores de los intereses generales del pueblo”.

5. “Estos asuntos de economía…

y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Solo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros”.

6. “Hay que volver a la realidad…

y para ello exigirse una virginidad mental a toda costa y una resolución inquebrantable de querer saber exactamente como somos”.

7. “Todo lo que nos rodea…

es falso e irreal, falsa la historia que nos enseñaron, falsas las creencias económicas que nos impusieron, falsas las perspectivas mundiales que nos presentan, falsas las disyuntivas políticas que nos ofrecen, irreales las libertades que los textos aseguran”.

8. “Las tentativas de conquista…

de 1806 y 1807 fueron errores de algunos marinos y guerreros… para eludir la responsabilidad de los verdaderos instigadores, la historia argentina adopta ese aire de ficción en que los protagonistas sin relación con las duras realidades de esta vida. Las revoluciones se explican como simple explosiones pasionales y ocurren sin que nadie provea fondos, vituallas, municiones, armas, equipajes. El dinero no está presente en ellas, porque rastreando las huellas del dinero se puede llegar a descubrir los principales movilizadores revolucionarios”.

9. “Actualmente el pueblo argentino…

va saliendo de ese marasmo satisfecho en que se lo había hundido… Está analizando, azorado, su realidad y verifica que sus dirigentes han colocado, poco a poco, a la república en condición de una factoría. Pero ante este nuevo estado de espíritu popular, el capital extranjero no permanece inerme… Se ordena y cohesiona para seguir asegurando sus privilegios. Para ello es indispensable coartar la voluntad del pueblo, ahogar la opinión y establecer un gobierno de fuerza y selección… La selección se efectuará naturalmente entre los allegados al capital extranjero que son los poseedores del prestigio social que da el dinero…lo económico tiene hoy primacía sobre todos los órdenes. Lo extranjero en esta tierra no es el hombre. El extranjero que aquí vive y se multiplica es hermano e igual al argentino. Lo extranjero aquí es el capital esclavizador y lo que no vaya contra él, está a su favor”.

10. “La riqueza en tanto capacidad…

de acción, poder, independencia, voluntad y aún espíritu, no es riqueza de estas tierras. Es riqueza particular de los capitalistas extranjeros, así como el valor económico, político o social de las cosechas son del propietario y no del peón que las sembró, cuidó y cosechó”.

Raúl Scalabrini Ortiz

Raúl Scalabrini Ortiz (Corrientes, 14 de febrero de 1898 – Buenos Aires, 30 de mayo de 1959), fue un pensador, historiador, filósofo, periodista, escritor, ensayista, y poeta argentino, agrimensor de profesión. Fue amigo de Arturo Jauretche y Homero Manzi, con quienes formó parte de FORJA (“Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina”). Adhirió a la corriente revisionista de la historiografía argentina.

Fue hijo del naturalista Pedro Scalabrini quién dirigió el museo de la ciudad de Paraná, Entre Ríos. Arribó a Buenos Aires para estudiar Ingeniería en la Facultad de Ciencias Exactas, donde no tarda en acercarse al círculo de intelectuales y escritores que se reunían en torno a la figura de Macedonio Fernández.

Su primera publicación fue una colección de cuentos breves reunidos en el libro La Manga en 1923.

En 1931, publicó El hombre que está solo y espera, con el que obtuvo reconocimiento de los círculos intelectuales y el premio Municipal. Luego de este reconocimiento, se dedicó de lleno a la investigación socioeconómica e histórica nacional. Toda su obra estará relacionada con estas investigaciones.

Formó parte, junto con otros intelectuales, de la revolución radical yrigoyenista de enero de 1933, dirigida por el Tte. Cnel. Gregorio Pomar, y luego de la derrota Scalabrini es desterrado a Europa. Desde allá, aclara aún más su visión sobre el grado de sometimiento de la Argentina a Gran Bretaña, al descubrir que los diarios en Italia y Alemania se refieren a la Argentina como una colonia del Imperio Británico. Desde Alemania comienza a publicar sus primeros ensayos sobre la cuestión nacional y el imperialismo británico, en el Frankfurter Zeitung, uno de los pocos periódicos democráticos en la Alemania de ese tiempo, y el único que no llegó a estar totalmente controlado por el gobierno nazi.

En 1935 regresó a la Argentina, y se aproximó a la Fuerza de Orientación Radical de la Juventud Argentina (FORJA) de Arturo Jauretche, Gabriel del Mazo, Luis Dellepiane, Homero Manzi, Julio Darío Alessandro y otros, aunque mantuvo su independencia (se afiliará recién en 1940, cuando la agrupación se separó del partido Radical). Como parte de su acción dentro del movimiento escribirá y publicará numerosos estudios en los Cuadernos de FORJA.

Dio numerosas conferencias sobre temas relacionados con la dependencia Argentina y sobre cómo se mueven los hilos del poder económico del país. Su tema principal serán los ferrocarriles ingleses, los que considera claves para el funcionamiento colonial. Dirá que los rieles del ferrocarril…

“son una inmensa tela de araña metálica donde está aprisionada la República”.

En 1943, por diferencias con las posturas respecto de la revolución del 4 de junio del GOU (Grupo Oficiales Unidos) renunció a la FORJA que apoyó el levantamiento. Scalabrini Ortiz acompañó el inicio y el ascenso del peronismo en esos tiempos, incluso llegó a presentarle a Juan Domingo Perón varios trabajos sobre la nacionalización del ferrocarril aunque nunca aceptó cargos del gobierno y siempre se mantuvo alejado y crítico del partido. Dijo:

“Hay muchos actos y no de los menos trascendentales de la política interna y externa del Gral. Perón que no serían aprobados por el tribunal de ideas matrices que animaron a mi generación… En el dinamómetro de la política esas transigencias miden los grados de coacción de todo orden con que actúan las fuerzas extranjeras en el amparo de sus intereses y de sus conveniencias”

Y agregó:

“No debemos olvidar en ningún momento -cualesquiera sean las diferencias de apreciación- que las opciones que nos ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de optar entre el Gral. Perón y el Arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el Gral. Perón y Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón fortifica a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento vivo del país”.

Estuvo en contra del derrocamiento de Perón en 1955 y fue un ferviente opositor de la Revolución Libertadora en la cual veía el retorno al poder las oligarquías que se favorecían de la dependencia económica de la Argentina. Desde la revista Qué criticó las medidas del gobierno que consideraba un retroceso.

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