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Invitados de Hoy: Los cubiertos

De NTI. El 4 septiembre, 2012. En Gastronomía. Tema: . 1001 Vistas

Cuando los hombres pudieron fabricarlos, fueron sinónimo de cultura. Eran instrumentos para cortar, pinchar y servir los alimentos. Con el tiempo, los cubiertos, que de ellos hablamos, además de ser útiles, se identificaron con distinción. Hoy ambos atributos –utilidad y símbolo– se unen para conformar un producto bien diseñado.

Los objetos cotidianos parecen invisibles. Todos los días utilizamos una vez –por lo menos– en alguna comida un cubierto de nuestro juego diario. Sin embargo, es frecuente que esos cubiertos hayan llegado a nuestras manos sin que hayamos hecho el ejercicio de elegirlos y comprarlos. ¿Por qué? En su gran mayoría nos los regalan, son uno de los clásicos de la lista de casamiento o llegan de la mano de un pariente a la primera casa que armamos o como herencia. Forman parte de la vida cotidiana de la humanidad, existen desde hace muchísimo tiempo. Tienen una larga tradición, derivan del desarrollo humano y son una parte fundamental de nuestra base cultural. Los cubiertos tuvieron un desarrollo desparejo en la historia. Primero apareció el cuchillo, el utensilio fundante. Evolución de las primeras piedras de corte, verdaderas llaves que abrieron la puerta del paso del simio al hombre. Con el descubrimiento del hierro, se sofisticaron y, más adelante, con las aleaciones, se consiguió que perduraran.

Luego fue el turno de la cuchara, palabra que proviene de la antigua Roma, donde existía un utensilio denominado cochlea (caracol). Eran la transformación de caparazones de moluscos usados para beber. Después, se las confeccionó tallando madera, en la Mesopotamia y Egipto. Se les añadió un mango delgado, que a su vez permitía pinchar trozos de comida y hacía las veces de primitivo tenedor.

El tenedor –como elemento independiente– es el cubierto más reciente. Su origen parece tener que ver con los spaghetti, aunque ya existía una versión rudimentaria en el siglo XI, en Venecia, que tenía dos pinchos y era plano, lo que suponía una verdadera molestia a la hora de comer la pasta. Fue por esa razón que quedó archivado en un cajón, durante casi 300 años, hasta que Catalina de Medici lo puso de moda en 1533. La tercera punta la adquirió en el siglo XVII. Los italianos, desesperados por poder lograr una mejor sujeción de su tan preciada pasta asciutta se las ingeniaron: le sumaron el cuarto diente.

La industrialización llegó de la mano de los alemanes. En el siglo XIX, con la revolución industrial y el desarrollo de la galvanoplastia, se logró proteger los metales menos nobles y entonces su uso se masificó totalmente. Es importante recordar que antes los cubiertos se fabricaban en oro para los reyes y en plata para los nobles. De ahí proviene la palabra platería para designar a estos juegos, un prestigio que sólo entendían las abuelas encargadas de lustrarlos.

A pesar del paso del tiempo y los cambios en el mundo, llama la atención que, en su esencia, los cubiertos no hayan variado prácticamente desde hace más de 200 años.

Entonces, vale preguntarse: ¿qué hace que algunos modelos perduren como clásicos del diseño y otros pasen sin pena ni gloria? Respuestas hay muchas, pero básicamente son dos. Por un lado, la ejecución de los materiales. Hay que tener en cuenta que un buen cubierto debería ser de una sola pieza de acero inoxidable. Esto requiere de un cierto espesor de acero, más de cuatro milímetros, para poder conformar el mango, característica que le confiere una durabilidad importante porque no posee uniones con otro material. Además, al no partir de una chapa fina de metal, la resistencia del instrumento aumenta enormemente.

Un segundo elemento, no menos importante, es el diseño que se le da a la forma del conjunto (del juego). En todos los casos que se destacan en el mundo, no existe la decoración superflua: el elemento añadido está ausente, es la forma la que habla. La limpieza visual es un elemento importante en la resolución de estos utensilios.

Desde hace más de un siglo, el diseño de cubiertos debe entenderse como un sistema de objetos. Debe haber una coherencia formal entre los distintos componentes. La funcionalidad tiene que estar presente (un cuchillo debe cortar, un tenedor pinchar y una cuchara contener bien el líquido). La ergonomía, en este caso, es un elemento importante, pero no tan determinante como en los instrumentos de cocción o preparación (cuchillos, cucharones de cocina), cuya utilización es mucho más crítica y se requiere precisión en el uso.

Es enorme la variedad de cubiertos que se ofrecen al público; sin embargo, no son tantos los que perduran como clásicos y merecen el aplauso unánime. Para entender a qué nos referimos, lo mejor es explicarlo con ejemplos.

Llaman la atención los excelentes diseños del maestro danés Arne Jacobsen, de 1957, para la firma de la misma nacionalidad Georg Jensen. Estos cubiertos fueron usados en la película 2001, odisea del espacio, en 1968. Otros para destacar son los que diseñó el alemán Peter Raacke, en 1958, para la empresa alemana Mono. Ambas series aún hoy figuran entre los juegos de cubiertos más vendidos en todo el mundo y se convirtieron en clásicos. Otros diseños más nuevos, continuadores de aquellos reconocidos maestros, son los que produce la casa escandinava Eva Solo, que posee un modelo de formas más sinuosas, sin caer en lo excesivo.

La empresa Georg Jensen, para celebrar el centenario del nacimiento de Jacobsen en el 2004, llamó a un arquitecto estrella, Jean Nouvel, para que hiciera un juego en su homenaje. El resultado es un trabajo de gran pureza y síntesis casi arquitectónica.

De la famosa casa italiana Alessi, jugador de ligas mayores en el diseño de cubiertos y con un enorme catálogo, señalamos la colección Knife Fork Spoon, del inglés Jasper Morrison; un ejercicio de contención formal y minimalismo notable, característico del diseñador británico. En síntesis, haga el ejercicio de prestar atención a los elementos cotidianos, detrás de cada uno hay mucho más de lo que imagina.

Y por casa, ¿cómo andamos?

La industria argentina está totalmente atrasada en el diseño de cubiertos. Una de las razones es que en el país no se produce acero inoxidable y el precio internacional lo vuelve de difícil acceso como materia prima esencial. Otro motivo obedece a cuestiones más estructurales: la producción de cubiertos requiere inversiones relativamente importantes en herramental (matricería de corte y estampado de chapa). El mercado interno es bastante chico. Pero eso, por sí solo, no justifica la ausencia de innovación en cubertería.

Países pequeños, como Dinamarca (cinco millones de habitantes), producen una cantidad enorme de nuevos diseños cada año y su mercado interno, si bien es proporcionalmente mayor que el argentino, es el europeo. De cualquier modo, la industria argentina no tiene justificación para la falta de inversión. Se exporta una cantidad de bienes que requieren inversiones importantes, tanto productos industriales como agrícolas (autos, soja o vino). El tema seguramente es cultural. Las pymes argentinas copian modelos (o directamente los importan), en el mejor de los casos, sin invertir en diseño e investigación. Tampoco hay cultura del consumidor, quien decide comprar por precio ante todo, sin pensar que, como dijimos antes, los cubiertos bien realizados duran generaciones. Otros países lo hicieron. Hay que recordar el caso de Corea del Sur. Tiene 48 millones de habitantes, no mucho más que la Argentina. Sin embargo, desde hace más de 25 años apostó decididamente por el diseño industrial. Hoy está entre los jugadores de primera línea, internacionalmente hablando. Un coche o un televisor coreano, hace no más de 20 años, era mirado con cierta condescendencia. No estaban al mismo nivel que los productos japoneses, por ejemplo. Hoy compiten en las grandes ligas. Lo hicieron sobre la base de una política de estado a largo plazo, con grandes inversiones en formación y captación de talentos. Una tarea compleja y coordinada. Creo que se debería tomar nota. Resulta imperioso “agarrar el toro por las astas” en el tema del diseño de productos. Hay cantidad de diseñadores y una enorme población de empresas pequeñas y medianas. Quizás falte decisión para encarar los temas complejos y de largo plazo. Una buena política de diseño en industrias nacionales no dura un solo período presidencial, pero es básica para sumar valor a la producción con los beneficios para las futuras generaciones que ello implica.

Fuente: El conocedor.com

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