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La Carta anual de Bill y Melinda Gates

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El reconocido ex-empresario fundador de Microsoft, y actual filántropo, Bill Gates, junto a su mujer se encuentran avocados fuertemente a luchar contra la pobreza. Esta última semana ha escrito una carta titulada “3 Mitos que frenan el progreso de los pobres” y en la que manifiesta su optimismo respecto a que para el año 2035 no haya más pobreza en el mundo.

3 MITOS QUE FRENAN EL PROGRESO DE LOS POBRES

Desde prácticamente todos los puntos de vista, el mundo nunca había estado tan bien como hoy. Los seres humanos viven más años y gozan de mejor salud, y muchos países que dependían de la ayuda exterior son hoy autosuficientes. Uno pensaría que este asombroso progreso sería motivo de gran celebración, pero lo cierto es que a Melinda y a mí nos sorprende constatar cuánta gente está convencida de que el mundo va a peor. La creencia de que el mundo no puede hacer nada para erradicar la pobreza extrema y las enfermedades es no solo errónea, sino también dañina. Por eso, en el mensaje de este año vamos a diseccionar algunos de los mitos que ponen trabas a nuestra labor. Esperamos que la próxima vez que oigan a alguien referirse a esos mitos hagan lo mismo.
Bill Gates

MITO 1: Los países pobres están condenados a seguir siendo pobres

He oído este mito aplicado a muchos lugares, pero sobre todo a África. Una búsqueda rápida en Internet devuelve decenas de titulares y títulos de libros: La globalización de la pobreza: cómo se enriquecen los países ricos y por qué los países pobres siguen siendo pobres, «¿Por qué los pobres permanecen pobres?», etc.

“Para el 2035, casi no quedará ningún país pobre en el mundo.”

Es una suerte que este tipo de libros no se conviertan en superventas, porque se basan en una premisa falsa. Lo cierto es que los ingresos y otros indicadores de bienestar humano están aumentando en casi todos los lugares del mundo, también en África.

Pero, entonces, ¿por qué este mito está tan arraigado?

Me referiré a África en un momento, pero antes fijémonos en la tendencia generalizada en el mundo que empezó hace medio siglo. Hace cincuenta años el mundo estaba dividido en tres bloques: los Estados Unidos y sus aliados occidentales; la Unión Soviética y sus aliados; y el resto. Yo nací en 1955 y de pequeño me enseñaron que el llamado Primer Mundo era rico y desarrollado: casi todos sus ciudadanos íbamos a la escuela y vivíamos muchos años. No estábamos muy seguros de cómo era la vida al otro lado del telón de acero, pero aquel lugar nos daba miedo. Y luego estaba el llamado Tercer Mundo, que englobaba básicamente el resto de los países. Lo único que sabíamos era que estaba lleno de personas pobres que iban poco a la escuela y morían jóvenes. Peor aún, que vivían atrapadas en la pobreza, sin esperanza de mejora.

Las estadísticas parecen corroborar esa impresión. En 1960, casi toda la economía mundial se concentraba en Occidente. Los ingresos per cápita en los Estados Unidos eran de unos 15 000 dólares anuales.1 (Aquí me refiero a ingresos por persona, es decir, en este caso, 60 000 dólares al año para una familia de cuatro miembros.) En Asia, África y América Latina, los ingresos per cápita eran mucho menores. Brasil: 1982 dólares. China: 928 dólares. Botsuana: 383 dólares. Etcétera.

Años más tarde pude constatar esa disparidad con mis propios ojos en mis viajes por el mundo. Melinda y yo visitamos la Ciudad de México en 1987 y nos sorprendió la pobreza que encontramos. La mayoría de hogares no disponían de agua corriente, y había personas que debían recorrer largas distancias en bicicleta o a pie para llenar garrafas de agua. Nos acordamos de lo que habíamos visto en partes rurales de África. El tipo que dirigía la oficina de Microsoft en la Ciudad de México mandaba a sus hijos a los Estados Unidos para que se sometieran a chequeos regulares, pues quería asegurarse de que no enfermaban a causa de la contaminación.

Desde entonces, la ciudad ha experimentado un cambio impresionante. Hoy en día el aire es tan limpio como el de Los Ángeles (no es gran cosa, pero desde luego supone una mejora respecto a 1987). La ciudad cuenta con rascacielos, carreteras nuevas y puentes modernos. Y sí, todavía quedan barriadas y bolsas de pobreza, pero, en general, cada vez que voy de visita, pienso: «Caray, la mayor parte de la gente que vive aquí es de clase media. Menudo milagro».

Shanghai 1978, 2012

Shanghai 1978, 2012

Estas fotografías ilustran una historia impactante: la imagen global de la pobreza en el mundo ha cambiado radicalmente a lo largo de mi vida. Los ingresos per cápita en Turquía y Chile han alcanzado ya los niveles de los Estados Unidos de 1960. Y Malasia y Gabón están a punto de alcanzarlos. Esa tierra de nadie que separaba los países ricos de los pobres ahora pertenece a China, la India y Brasil, entre otros. Los ingresos reales per cápita de China se han multiplicado por ocho respecto a 1960.Los de la India se han cuadruplicado, los de Brasil casi se han quintuplicado, y en Botsuana, un pequeño país que ha sabido gestionar hábilmente sus recursos minerales, la cifra se ha multiplicado por treinta. En medio ha aparecido un grupo de países que hace cincuenta años apenas existía en el mapa y en el que se concentra más de la mitad de la población mundial.

He aquí otra forma de constatar la transición: contando personas en lugar de países:

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Así pues, para desmentir el mito de que los países pobres están condenados a seguir siendo pobres no hay más que apelar a los hechos: no han seguido siendo pobres. Muchos de los países que considerábamos pobres (aunque ni mucho menos todos) ahora presentan economías fuertes. Y el porcentaje de personas extremadamente pobres se ha reducido a menos de la mitad desde 1990.

Aun así, todavía hay más de 1000 millones de personas que viven en la extrema pobreza, por lo que no hay motivos para celebraciones. Con todo, podemos decir que el mundo ha cambiado tanto que los términos países en desarrollo y países desarrollados han quedado obsoletos.

Actualmente, cualquier categoría que agrupe China y la República Democrática del Congo, lejos de ser reveladora, confunde aún más. Algunos de los denominados países en desarrollo han prosperado tanto que podemos afirmar que ya se han desarrollado. Hay unos pocos Estados fallidos, sin embargo, que apenas experimentan desarrollo alguno. La mayoría de los países se encuentran en algún punto intermedio. Por ese motivo, hoy resulta mucho más útil pensar en términos de países de ingresos bajos, medianos o altos. (Algunos expertos incluso dividen la categoría de países de ingresos medianos en dos subgrupos: el de ingresos medianos bajos y el de ingresos medianos altos.)

Volvamos, sin perder esto de vista, a la versión más concreta y perniciosa de este mito: “Por supuesto, los tigres asiáticos están pasando por un buen momento, pero en África las condiciones de vida no mejoran ni mejorarán jamás.”

En primer lugar, no hay que creerse que la situación en África ha empeorado en los últimos cincuenta años. Lo cierto es que, durante este periodo, los ingresos per cápita han subido en el África subsahariana, y lo han hecho de forma considerable en algunos países. Después de la caída en barrena a raíz de la crisis de la deuda de los años ochenta, el continente ha experimentado un aumento de los ingresos de casi dos tercios desde 1998: de poco más de 1300 dólares a casi 2200 dólares. Cada vez son más los países que experimentan un desarrollo sólido y constante, y a estos se irán añadiendo más con el paso del tiempo. Siete de las diez economías con un mayor ritmo de crecimiento del último lustro se encuentran en África.

África también ha avanzado a pasos agigantados en los ámbitos de la salud y la educación. Desde 1960, la esperanza de vida de las mujeres del África subsahariana ha aumentado de 41 a 57 años a pesar de la epidemia del VIH. Sin dicha epidemia, la esperanza de vida sería de 61 años. El porcentaje de niños escolarizados se ha disparado desde 1970, pasando de poco más del 40 % a superar el 75 % . Hay menos personas que pasan hambre y más que gozan de una buena nutrición. Si comer lo suficiente, ir a la escuela y vivir más años son indicadores de un buen nivel de vida, entonces no cabe la menor duda de que las condiciones de vida en el continente están mejorando. Estos hitos no marcan el final del camino, sino que constituyen los cimientos de un progreso aún mayor.

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Cada vez son más los países africanos que implementan sistemas de salud comunitaria, sumamente rentables. Acra (Ghana), 2013.

Naturalmente, las medias regionales esconden grandes diferencias entre países. En Etiopía, los ingresos per cápita apenas alcanzan los 800 dólares, mientras que en Botsuana casi llegan a los 12 000 dólares. Las diferencias internas también pueden ser enormes en algunos países: la vida en una gran metrópolis como Nairobi no tiene nada que ver con la vida rural de una pequeña aldea en Kenia. Deberíamos coger con pinzas las palabras de cualquier persona que trate todo un continente como un cúmulo homogéneo de pobreza y enfermedades.

Conclusión: Los países pobres no están condenados a seguir siendo pobres. Algunos de los llamados países en desarrollo ya se han desarrollado, y muchos más lo harán pronto. Las naciones que aún buscan su camino no intentan algo sin precedentes: disponen de buenos modelos de los que aprender.

Mi optimismo sobre esta cuestión es tal que me atrevo a lanzar una predicción. Para el 2035, casi no quedará ningún país pobre en el mundo. 2 Casi todos los países se situarán en la franja de los que ahora llamamos países de ingresos medianos bajos, o incluso serán más ricos. Los países seguirán el ejemplo de sus vecinos más productivos y sacarán el máximo partido de innovaciones como las nuevas vacunas, mejores semillas de cultivo y la revolución digital. La mano de obra de estos países, fortalecida gracias a una mejor educación, atraerá nuevas inversiones.

Algunos países verán su desarrollo truncado a causa de la guerra, la política (Corea del Norte, a no ser que se produzca un gran cambio en el país) o la geografía (como en el caso de los países sin salida al mar del África central). Y las desigualdades seguirán siendo problemáticas: habrá personas pobres en todas las regiones.

Pero la mayoría vivirán en países autosuficientes. Todas las naciones suramericanas, asiáticas y centroamericanas (con la posible excepción de Haití) y gran parte de las naciones costeras africanas se habrán incorporado al grupo de países que hoy gozan de ingresos medianos. Más del 70 % de los países tendrán unos ingresos per cápita superiores a los que hoy presenta la China. Casi el 90 % de los países tendrán una renta superior a la de la India actual.

Será un hito extraordinario. Cuando nací, la mayoría de los países del mundo eran pobres. En los próximos dos decenios, los países terriblemente pobres serán la excepción y no la norma. Miles de millones de personas saldrán de la pobreza extrema. La idea de que todo esto sucederá antes de que me muera me parece fascinante.

Algunos dirán que impulsar el desarrollo de casi todos los países para que logren unos niveles de ingresos medianos no solucionará los problemas del mundo, y que algunos de estos incluso se agravarán. Es cierto que, para que todo este crecimiento no tenga un impacto negativo en el clima y el medio ambiente, tendremos que encontrar fuentes de energía más baratas y limpias. También tendremos que solucionar los problemas relacionados con el bienestar económico, como las altas tasas de diabetes. No obstante, cada vez habrá más personas formadas, con capacidad para solucionar estos problemas. Dar cumplimiento a casi todos los objetivos propuestos en materia de desarrollo contribuirá, más que cualquier otro logro, a mejorar la calidad de vida de las personas.

¿Te está gustando hasta aquí La Carta de Bill?… bueno, puedes continuar leyéndola directamente desde el sitio web de la Fundación de Bill y Melinda Gates haciendo clic en los siguientes 2 “Mitos” (links):

Mito 2: La ayuda exterior es un despilfarro
(válido también para dentro de los países, donde los ricos no entienden que con sus impuestos se debe ayudar a los pobres)

Mito 3: Salvar vidas contribuye a la superpoblación
(Mito que refuta la idea equivocada que tiene muchas gente respecto de que planes sociales como la Asig. Universal por Hijo son aprovechados por los pobres para tener más hijos).

MIRANDO HACIA EL FUTURO

Si son de los que leen la prensa a diario, posiblemente tendrán la impresión de que el mundo va de mal en peor. En sí, centrarse en las malas noticias no es un problema… siempre que se pongan en contexto. A Melinda y a mí nos parece indignante que el año pasado murieran más de seis millones de niños, pero nos infunde ánimo que esta cifra sea la más baja conocida hasta la fecha. Y queremos asegurarnos de que siga disminuyendo.

Esperamos que hagan correr la voz acerca de estos mitos. Ayuden a sus amigos a contextualizar las malas noticias. Hagan saber a los dirigentes políticos que para ustedes es importante que se salven vidas y que están a favor de la ayuda exterior. Si lo que quieren es hacer una pequeña donación, las organizaciones que operan en los ámbitos de la salud y el desarrollo pueden obtener un gran rendimiento de su dinero. De ahora en adelante, cuando alguien vuelva a decir en un foro de Internet que salvando niños agravamos el problema de la superpoblación, pueden explicar cómo son las cosas de verdad. Pueden contribuir a que surja una nueva conciencia mundial de que todas las vidas tienen el mismo valor.

Todos podemos contribuir a forjar un mundo donde la pobreza extrema sea la excepción y no la norma, y donde todos los niños, independientemente de su lugar de nacimiento, tengan las mismas oportunidades de desplegar su máximo potencial. Para quienes creemos en el valor de todas las vidas humanas, no existe en el mundo un proyecto más fascinante que este.

Bill y Melinda Gates
Copresidentes, Fundación Bill y Melinda Gates
Enero del 2014

 

Fuente/Autor NTI

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Redacción Central Nuevo Tiempo Informativo - redaccion@nuevotiempo.info

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