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¿La gloria o Devoto? (por Ernesto Tenembaum)

De InfoNews .com. El 3 agosto, 2013. En Argentina, Opinión. Tema: . 630 Vistas

Quizá la mayoría de la gente no esté al tanto del asunto, pero todos los que nos interesamos en la política estamos sumamente atentos al desenlace que se va a producir en los próximos meses, cuando hayan terminado las primarias y las elecciones generales de octubre. Hay un clima de definición. Tenso.

Expectante. Agónico. Por eso, en estos tiempos, más que nunca, las encuestas, y los encuestadores, son las estrellas. Todos queremos saber el futuro, como si eso fuera garantía de algo, como si los resultados electorales fueran mucho más que una foto, como si el triunfo arrollador del kirchnerismo en el 2007 hubiera evitado la derrota catastrófica del 2009, o este la abrumadora victoria del 2011. De cualquier manera, en esta última semana se han visto varias encuestas, todas coincidentes, que quizá permitan trazar algunos rasgos, muy amplios, del futuro que se viene.

En principio, si uno se para dos años atrás, la performance kirchnerista es sorprendentemente baja. Todo el mundo político está pendiente de si gana Massa o Insaurralde en la provincia de Buenos Aires. Desde este lugar, un triunfo del segundo, así sea por un voto, será celebrado con algarabía en el kirchnerismo. Pero si uno toma un poco de distancia, y viaja mentalmente hacia el 2011, sólo dos años atrás, cuando el FPV ganó por cuarenta puntos de diferencia la provincia, el panorama actual no puede dejar de asombrar por lo desolador para el oficialismo.

En segundo lugar, hay un hecho que es sumamente paradójico, en este contexto. La posibilidad de que el kirchnerismo gane la provincia depende, básicamente, del desempeño de sus enemigos más odiados, los antikirchneristas más histéricos, los caceroleros más convencidos. Para ganar, luego del evidente acercamiento de Insaurralde, Massa está obligado a robarles votos a Margarita Stolbizer y a Francisco de Narváez. El Gobierno necesita que estos mantengan su caudal, que no se les caiga nada, que se instale la visión de que Massa es tibio, que se va a dar vuelta y todas esas cosas. Porque si eso no ocurre, si el kirchnerista disidente captura un par de puntos de las otras fuerzas que nunca fueron K, la pelea parece estar definida. En ese contexto, declaraciones como las de Elisa Carrió, cuando sostiene que Massa es un kirchnerista disfrazado, son útiles. Eso no quiere decir que sean falsas. O que no deban ser pronunciadas. Eso es harina de otro costal que no desmiente el elemento paradojal que será definitorio en los próximos meses. Así son los caminos de la vida. El kirchnerismo necesita que el antikirchnerismo duro se mantenga como una opción fuerte porque eso divide a la competencia.

En tercer lugar, gane o pierda en la provincia de Buenos Aires, no hay dudas de que el así llamado proyecto nacional y popular será primera minoría nacional. No sólo eso. Aun los encuestadores cuyos estudios muestran más débil al Gobierno, admiten que un 30 por ciento de la población se siente representado por el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner. Eso es muchísimo. Quizá, muy probablemente, no alcance para la re-reelección. Pero, bien administrado, es un factor de poder inmenso para negociar con cualquier candidato presidencial y para especular, si se aplica una dosis de talento político adecuada, con un posible regreso al poder en el mediano plazo. Es difícil imaginar con estos números el país del vamos por todo, pero también un país sin kirchneristas. En algún momento, todos vamos a tener que aprender a convivir de una mejor manera, porque esto, al parecer, va para rato.

En cuarto lugar, quizá lo más trascendente sea que empieza a perfilarse una vez más un fenómeno que parece imparable: la abrumadora hegemonía del peronismo en la política argentina. Entre Massa, Insaurralde y De Narváez pueden llegar al 80 por ciento de los votos. ¿Leyeron bien? Cuatro de cada cinco votantes, o una cifra muy cercana a eso, elegirán una lista peronista. Un escenario bastante posible es que todos los diputados elegidos por esas vías, o una gran mayoría, se alineen detrás del liderazgo que comience en el 2015. ¿O sería imposible que Scioli unifique a la mayoría de ellos, por poner un ejemplo? Así las cosas, la mayoría peronista en el Congreso sería realmente aplastante. En estos días, el análisis político dominante intenta comprender lo que viene según la lógica K/anti K. Pero, si se observa lo que sucederá a más largo plazo, se concluirá que la reconversión del peronismo hacia otra cosa encontrará un país más unipartidario que nunca. Hay, desde el 2001, un solo partido político que tiene punteros en todos los barrios del país, concejales en todas las ciudades, diputados en todas las provincias, propuestas electorales potentes en cada uno de los distritos y gobiernan la mayoría de las provincias. No hay otro, desde la desaparición del radicalismo. Lo que ocurre en la Argentina se asemeja bastante al PRI mexicano, con diferencias que quizá sean motivo de otra nota.

Finalmente, hay condiciones que pueden cambiar el panorama al menos marginalmente. Una de ellas, que suele ser clave, es la situación económica del país. En general, los analistas serios predicen que no serán años de bonanza, que los límites del “modelo” más las condiciones internacionales apretarán un poco más, pero ningún economista serio anuncia una salida catastrófica. Eso coincide con la situación política: ni kirchnerismo para siempre, ni desaparición de la letra k del abecedario. Y otra gran incógnita será la manera en que el peronismo defina la transición hacia un presidente que no se apellide Kirchner. Cuanto más traumática sea esa pelea, más posibilidades tendrán fuerzas alternativas. Es lo que permitió, tras la desgastante pelea entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde, que Fernando de la Rúa llegara al poder.

Pero es ir demasiado lejos. Para eso falta una eternidad. El futuro no existe. El 11 de agosto termina todo. O en las elecciones generales de octubre.

No sé si usted lo habrá notado.

Para mucha gente es cuestión de vida o muerte.

La gloria o Devoto.

Pero, la verdad, no es así.

La gloria y Devoto no son los destinos habituales para ningún mortal.

En general, las cosas pasan en el medio. Se gana. Se pierde. Hay revancha y así. La política no parece un territorio para los que quieren ganar siempre o para los que pretenden que otros queden enterrados y nunca más asomen la cabeza.

Ernesto Tenembaum
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