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La guerra narco en Rosario

De NTI. El 5 enero, 2014. En Argentina, Especiales, Policiales y judiciales. Tema: , , . 2633 Vistas

Se conocieron los nombres de los grupos narcocriminales, sus apodos y hasta los gustos personales de aquellos que protagonizan una guerra que redefine los territorios y los mercados de la venta de droga en Rosario, una ciudad donde el narcotráfico ha perforado todos los límites.

El argumento que expone el gobierno santafecino es que estos grupos “están siendo por primera vez combatidos”. Pero a medida que avanzan las investigaciones brotan con claridad los aceitados mecanismos de connivencia de las fuerzas de seguridad provincial y federal con los narcos.

“Este es un gobierno que no pacta, o mira para otro lado. No por nada la casa del gobernador Antonio Bonfatti recibió 14 balazos. Cualquier persona de buena fe que analice la situación sensatamente puede concluir que es la respuesta de las bandas organizadas a un gobierno que las está combatiendo”, asegura el ministro de Gobierno, Rubén Galassi.

La aparición de una cocaína de bajo costo, adulterada con sustancias muy tóxicas, que se produce en laboratorios ilegales fronteras adentro de Rosario, y la venta de esta droga “popular” en búnkers (se calcula que hay más de 300 en la ciudad), reconfiguró un mercado en expansión que otorgó a estos grupos ganancias extraordinarias en poco tiempo.

La banda de Los Monos tiene rasgos particulares dentro del mapa narco de Rosario. Comenzó a ser investigada en la Justicia tras el asesinato de Martín “fantasma” Paz, de 29 años, el 8 de septiembre de 2012 en pleno macrocentro de Rosario. Este muchacho, cuya hermana estaba de novia con Claudio Ariel Cantero, alias Pájaro, fue eliminado por la propia banda. Había usado $ 3.000.000 para comprar pasta base en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, pero la operación terminó mal. La Gendarmería secuestró 80 kilogramos de esa sustancia en Salta. El juzgado de instrucción N° 4 de Rosario aceleró la investigación sobre asociación ilícita contra Los Monos, tras el homicidio del 26 de mayo pasado de Pájaro Cantero, cerebro de la banda. Este crimen encendió un raid de venganzas que dejó en una semana cuatro muertos.

Los Monos tenían una red de búnkers que dominaban el mercado de un gran sector del sur de Rosario, en barrios emblemáticos como Las Flores y La Tablada, y también pretendían avanzar hacia otras zonas, incluida la localidad de Villa Gobernador Gálvez. El núcleo duro de la banda lo conformaban Ariel Cantero, el padre, quien está prófugo; Claudio Ariel (asesinado), Guille (preso) y Ramón Machuca (prófugo).

En los confines del Sur aparecieron competidores, que hasta en algún momento habían pertenecido a la banda y luego decidieron abrirse. Uno de ellos es Luis “Pollo” Bassi, quien está preso desde septiembre pasado, cuando decidió entregarse en el juzgado Nº 4.

Luis Bassi, de 32 años, está marcado como otro de los hombres fuertes del sur de Rosario y de Villa Gobernador Gálvez, de donde es oriundo. Allí su familia mantiene lazos directos con el intendente Pedro González, cuyo chofer era el padre del “Pollo”. Su nombre comenzó a sonar en los medios por el incendio intencional en la Alcaidía de la Jefatura de Policía y terminara con la vida de Miguel Saboldi, alias Japo. Norma Acosta, la ex mujer del fallecido, gritaba en la puerta del penal que Bassi había mandado a matar a su ex pareja.

Saboldi había sido apresado junto con Diego Cuello (quien mantenía contacto directo con Los Monos) en abril pasado en un operativo irregular que se hizo en una chacra de Alvear, donde la policía se incautó de 19 kg de cocaína. Allí fue filmado un policía que se llevaba una bolsa negra, donde presuntamente había dinero, y decía: “Bingo”. Ese paquete desapareció. Bassi, según se presume, siguió con el manejo del territorio aún en la cárcel, por medio de familiares cercanos, como su hermano Leonardo, a quien mataron el 31 de diciembre pasado de ocho disparos en la remisería Cinco Estrellas.

Los Medina

Luis Medina, de 42 años, fue asesinado el domingo pasado junto con su novia Justina Pérez en la zona sur de Rosario. Había amasado una fortuna durante los últimos cuatro años a partir de la venta de drogas, estaba casi retirado. Se había mudado con su novia a un country de Pilar. Desde hacía tiempo temía que lo mataran, una certeza que se concretó con 14 disparos a quemarropa.

A diferencia de otros personajes del mundo narco, Medina tenía blanqueada una parte de su actividad comercial. Creó con su ex mujer Daniela Ungaro dos SRL: Yasmín y Lumed. La primera estaba destinada para un emprendimiento de catering de eventos y la otra para préstamos de dinero. A la par tenía una agencia de autos importados en Pellegrini al 5500. El negocio de la venta de drogas era manejado por una mujer: Tata Medina, que a pesar de tener el mismo apellido no tenía parentesco con Luis. Este hombre ocupó lugares que habían quedado vacíos, cuando a principios de 2008 cayó preso Roberto Padilla, alias “Tuerto Boli”, con la primera cocina de cocaína desbaratada en Rosario. Medina llegó a pagar un millón de pesos por mes a la policía santafecina para poder “trabajar” sin contratiempos. Como el resto, salvo Delfín Zacarías -ver aparte-, abonaba cifras importantes a Los Monos por “protección”.

En mayo pasado, la justicia federal desarticuló una banda liderada por un veterano hombre del delito, cuyo poder de influencia se había ramificado en media docena de localidades cercanas a Rosario, donde esta organización tenía una particularidad: funcionaban en forma celular: muchos de los integrantes no se conocían entre sí.

A partir de la operación “Otoño Blanco”, la policía provincial detuvo a Leandro Popea, de 57 años, quien había manejado durante bastante tiempo la fabricación, distribución y venta de cocaína en la zona oeste y norte de Rosario. Popea, un veterano reducidor que se metió en el negocio de la droga no hace mucho tiempo, manejaba una gran cantidad de quioscos de droga y estaba al frente de “cocinas” de cocaína. En los archivos policiales, Popea figura como un estafador, que se desempañó hace tiempo en el sector de las joyerías, adonde recayó de la mano de un hombre que después terminó en el ámbito de las letras.

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