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Madryn ofrece “danza con lobos” marinos a turistas buzos

De Agencia Telam. El 10 mayo, 2014. En Argentina, Patagonia, Turismo. Tema: . 936 Vistas

La experiencia de sumergirse en el mar y ser rodeado de lobos marinos dispuestos a juguetear con los buzos, sin ir hacia ellos ni invadir sus espacios. Es a partir de un método exclusivo desarrollado por un experto de esta ciudad chubutense para atraer a esos pinípedos.

Mediante esa técnica, los lobos se acercan con agilidad y entusiasmo a los buzos -en realidad, lo ideal es con snorkel- se rozan con ellos, muerden suavemente el neoprene, arriman sus hocicos a las máscaras o hacen rápidas piruetas para ganarse su amistad.

“Los lobos son como perros cariñosos”, había advertido el guía de referencia, Francisco Martínez Zavalía, el “Gringo”, y estaba acertado, ya que con sólo entrar al agua y seguir sus particulares instrucciones, esos mamíferos marinos se comportaban como en tierra lo hace “el mejor amigo del hombre”.

La mañana era fría pero ideal para buceo, con el cielo despejado y el mar “planchado” frente a Punta Loma, unos 17 kilómetros al sur de Puerto Madryn, que alberga una colonia permanente de varios centenares de lobos de un pelo.

El Gringo dijo a Télam que allí se concretaría “el contacto más extremo entre mamíferos marinos y seres humanos del mundo” y aclaró: “Nosotros no vamos a jugar con lobos, son ellos los que van a jugar con nosotros”.

El guía dijo que se aplicaría “una técnica en la que uno no interfiera con la vida animal”, basada en que “los lobos son igual que nosotros, mamíferos que respiran aire”, por lo que el snorkel es mejor que el buceo con tanques, ya que permite actuar como ellos, cerca de la superficie”.

La lancha ancló a una distancia prudencial de la colonia, conforme las normas de esa área protegida (no menos de 50 metros), y pronto los buzos se veían unos a otros con nitidez bajo el agua, a la que el sol teñía de un resplandor verde esmeralda.

Las instrucciones del Gringo, en síntesis, eran no mover los brazos, porque eso podría espantar a los lobos; tomarse todos de las manos, para formar un solo cuerpo, y patalear en conjunto hacia adelante, con el fin de generar una gran onda de agua, que atraería a los animales.

Efectivamente, esa acción movió a los lobos que estaban cerca de la costa hacia el grupo y pronto se los veía por todos lados y se los sentía rozar la espalda, las piernas o los brazos.

A veces surgían veloces desde la oscuridad del fondo o llegaban nadando a ras de la superficie, claramente iluminados su cuerpos marrones amarillentos por la luz solar.

Algunos simplemente giraban en torno a los buzos o se detenían frente a ellos y los observaban con sus grandes ojos negros y redondos y su típica expresión semejante a una sonrisa, como esos amistosos perros pueblerinos que se alegran ante la llegada de forasteros.

Los más osados los seguían hasta la superficie y prácticamente se les trepaban y -nuevamente la comparación con los canes- parecían olfatear o lamerles los rostros, hasta que subían a la lancha, y se quedaban mirándola cuando ésta se alejaba de regreso al puerto.

Luego de la exitosa experiencia, el guía precisaba a esta agencia: “Yo me tomo el trabajo de entrenar a cada uno de los participantes, de manera que todos, sin conocerse o sin experiencia previa van a formar un grupo perfectamente sincronizado para atraer a los lobos a jugar con los humanos”.

El buceo de interacción con lobos de un pelo se puede realizar frente a Punta Loma todos los días del año, con diferentes características según la estación, ya que si es época de reproducción o de cría se la podrá practicar con machos, hembras, juveniles o cachorros.

Una limitación por parte de la gente se da por el frío en invierno, cuando la temperatura del agua puede estar en ocho grados y el aire a 15 bajo cero, por eso la firma Lobo Larsen, única que realiza estas excursiones, incorporó “trajes secos”, que se pueden usar sobre camisetas térmicas y buzos polares.

El Gringo explicó que se puede practicar a partir de los siete años -no hay trajes secos para niños más pequeños-, sin límite de edad adulta, siempre que el estado físico y de salud del interesado lo permita, para lo que debe llenar una ficha respectiva para la evaluación por parte de los responsables.

Para mantener protegida a la fauna marina, las excursiones deben cumplir normas como la de no concurrir más de tres lanchas y un total de 18 buzos a la vez, e informar estos detalles a las autoridades de la Reserva Natural de Punta Loma.

El Gringo Martínez Zavalía dijo a Télam que los organizadores, con el fin de regular la actividad, proponen que la provincia tenga una “ley de interacción con mamíferos marinos de un pelo”

 

Fuente/Autor Agencia Telam

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