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Oscar Pistorius, el ocaso de una leyenda

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Fue el primer atleta paraolímpico en competir en un juego olímpico y se convirtió en uno de los deportistas más importante de Sudáfrica. Su paranoia lo llevó a vivir rodeado de armas, con una de ellas asesinó a su novia.

La vida de Oscar Pistorius cambió para siempre varias veces. Cuando tan solo tenía 11 meses sus padres autorizaron a los médicos a que le amputarán las dos piernas. El jueves 14 de febrero fue detenido acusado de asesinar a su novia.

El atleta sudafricano nació un 22 de noviembre de 1986, lo hizo con una malformación degenerativa en sus extremidades inferiores: no contaba con peronés ni tobillos, por lo cual sus progenitores, Henke y Sheila, optaron por la posibilidad de que se adaptara a las prótesis de niño.

“Siempre pensé mi padres hicieron lo correcto”, dijo Pistorius sobre la amputación de sus piernas cuando era un bebé, en caso contrario su enfermedad podría haberse extendido y haberle causado problemas mayores en la adolescencia.

Sin embargo, él nunca se consideró un discapacitado y sus padres tampoco. Hicieron que su hijo tuviera una vida normal y pudiera realizar las mismas actividades que los chicos de su edad. “Yo no soy un inválido, simplemente no tengo piernas. Además, todo el mundo tiene alguna discapacidad… las peores son las del espíritu”, explicó en más de una oportunidad el velocista.

Cuando ingresó en la escuela comenzaron los problemas para él, era el centro de las burlas de todos sus compañeros de colegio. Ante eso, el pequeño Oscar comenzó a dar muestras de su personalidad tenaz y destinó su tiempo al deporte, primero rugby y waterpolo, luego natación y por último atletismo.

A los 16 años comenzó a entrenarse dentro de las pistas. Su sacrificio y velocidad lo llevaron a convertirse en uno de los hombres más rápidos del mundo y pasó ser conocido como “the fastest thing on no legs” (la cosa más rápida sobre ninguna pierna).

En 2012 la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) lo habilitó para correr en los Juegos Olímpicos de Londres. En un principio la organización le prohibió esa posibilidad al considerar que tenía ventaja con sus “Cheetah” (el nombre de sus prótesis), pero el Tribunal de Arbitraje Deportivo no encontró pruebas de ellos y pude competir. En julio el comité de su país confirmó su presencia.

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“Hoy verdaderamente es el día más orgulloso de mi vida. Haber sido seleccionado para representar al equipo de Sudáfrica es un honor y estoy muy satisfecho de que hayan fructificado todos estos años de arduo trabajo, determinación y sacrificio”, señaló.

Su debut se produjo el sábado 4 de agosto ante una multitud que colmó el estadio para verlo. Terminó segundo en su serie, detrás del dominicano Luguelin Santos, con un tiempo de 45.44 y se metió en las semifinales, donde quedó eliminado. Su participación terminó sorpresivamente: en la posta 4 x 400 no alcanzó a largar por la caída de un compañero.

En los Juegos Paraolímpicos cosechó tres medallas de oro, en los 100 metros y 200 metros en Beijing 2008 y en los 200 en Atenas 2004, donde también se llevó la presea de bronce en la carrera de 100 metros.

Pistorius vivía atemorizado por los altos índices de criminalidad en su país, lo que lo llevaron a convertirse en una persona paranoica. Residía en un barrio privado de Pretoria considerado el más seguro de Sudáfrica y poseía varias armas de fuego, incluso guardaba una 9mm debajo de su almohada.

Su mansión está ubicada en Silverlakes, una urbanización de lujo a la que sólo se accede previo control policial y presentación el documento. Allí, el 14 de febrero, fue encontrada sin vida la novia del atleta, Reeva Steenkamp, con cuatro disparos entre su cabeza, torso y brazos. Él reconoció haberle disparado en el baño al confundirla con un ladrón.

No fue el primer episodio de este tipo para el corredor. Un periodista del New York Times contó que durante una entrevista, Pistorius se tiró al piso y comenzó a reptar asustado por un ruido extraño que escuchó en su hogar.

Seguido de eso, el atleta llevó al reportero a un campo de tiro al cual acude “solo de vez en cuando, cuando no podía dormir”. En noviembre pasado escribió en su cuenta de Twitter: “¡Entrar en casa y escuchar el lavarropas, pensando que se trata de un intruso ir en posición de combate hasta la despensa!”.

A su vez, Pistorius pasó una noche en prisión en septiembre de 2009 acusado de agredir sexualmente a una joven de 19 años durante una fiesta, a los pocos días el fiscal abandonó los cargos y él velocista recuperó su libertad.

En enero pasado, disparó por accidente una pistola en un restaurante de Johannesburgo. El proyectil estuvo a punto de alcanzar el pie de Kevin Lerena, boxeador y amigo suyo. “Tuve un susto enorme porque la bala golpeó el suelo a pocos centímetros mío, pero en realidad fue un accidente”, explicó el joven.

“La pistola no era suya. Oscar sólo quiso ver el arma y se le enganchó en los pantalones abriendo el mecanismo de seguridad, y se le disparó. Yo no le llamaría negligente, fue sólo un accidente y se disculpó después durante días”, contó Lerena y agregó que por eso los dueños del local no denunciaron el hecho.

Tras asesinar a su novia, Pistorius fue detenido, permaneció poco más de una semana en prisión y luego de la fianza (unos 112 mil dólares) recuperó su libertad hasta que finalice el juicio en el que podría ser condenado a cadena perpetua. La empresa deportiva que lo patrocinaba decidió romper el contrato y sus agentes suspendieron las carreras programadas para este año.

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