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Partes de guerra (por Diego Sánchez)

De Agencia Telam. El 15 mayo, 2014. En Internet, Mundo, Opinión. Tema: , . 533 Vistas

Luego de la celebración de la cumbre NetMundial en Brasil, donde se buscó discutir la gobernanza de internet en un contexto de reacomodamiento geopolítico, hoy los ojos del mundo vuelven a mirar a los Estados Unidos para anticipar cómo será el futuro inmediato de internet. El 15 de mayo, la Comisión Federal de Comunicaciones votará su reciente propuesta sobre neutralidad de la red y puede cambiar la fisonomía digital que conocíamos. Un repaso por las batallas políticas y económicas de internet.

“Lo esencial es dejar de entender Internet como una especie de esfera pública depurada donde dejamos atrás los enfrentamientos políticos tradicionales.”
La frase me la dijo el sociólogo español César Rendueles hace algunas semanas. Rendueles editó en 2013 Sociofobia, un largo ensayo sobre el capitalismo, la democracia, el fetichismo de la tecnología y el llamado “espontaneísmo digital”, la creencia de que internet nos llevará a la transformación social salteando conflictos, pujas de intereses y negociaciones políticas. Sociofobia es un libro denso en referencias y links al pensamiento antagonista pero a la vez es ameno porque habla de nuestro mundo actual y no lo hace desde la tecnofobia: Rendueles no es un ludita -esos obreros ingleses que en el siglo XIX atentaban contra las máquinas-, sino una palabra de alerta ante los riesgos de una suerte de “ludismo a la inversa”, un mesianismo digital que destruye los restos de la tecnología social y política de la modernidad analógica. En otras palabras: la fe en que internet, como un tsunami purificador, vino a saldar, por sí solo, todos los problemas que la política, la filosofía y el humanismo clásico no lograron resolver.

Mientras hablaba con Rendueles, Brasil abría sus puertas a la cumbre NetMundial, organizada para debatir la “gobernanza de internet”. El país sede del próximo Mundial venía envalentonado por la sanción del “Marco Civil”, una novedosa “constitución digital” que concibe a internet desde la perspectiva de los derechos humanos. El encuentro comenzó con una proclama en favor de un “gobierno global” de la web y una crítica al rol de los Estados Unidos como su dueño de facto. En sintonía, nuestro país, uno de los participantes de la cumbre, anunciaba la creación de la Comisión Argentina de Políticas de Internet (CAPI), cuyo objetivo, según pudimos leer en el Boletín Oficial, es “diseñar una estrategia nacional sobre Internet y su gobernanza”.

¿Por qué la necesidad repentina de debatir la “gobernanza”, ese término extraído del idiolecto poroso de la cooperación internacional? Porque las próximas semanas serán claves para definir el futuro de internet. Hoy su corazón conceptual está amenazado por el vacío normativo, los abusos políticos y las presiones corporativas. La privacidad y la neutralidad son cuestiones en pugna que demandan decisiones, y lo que buscó decir NetMundial es que esas decisiones no pueden pasar, como hasta ahora, por un sólo país. “Es importante la participación multilateral -dijo Dilma Rousseff en la apertura-. La participación de los gobiernos debe ocurrir con igualdad entre sí, sin que un país tenga más peso que otros”.

“Se vienen meses de guerra. Internet ha crecido; la vieja aldea autónoma se convirtió en la principal economía del mundo y un ring de la lucha geopolítica en esta era post Snowden.”

Hoy la gran pelea pasa por la neutralidad de la red. “Todo tráfico de Internet es tratado de igual forma, sin discriminación, restricción o interferencia, independientemente de su remitente, destinatario, tipo de contenido, dispositivo, servicio o aplicación”, es la definición que dio a comienzos de abril el Parlamento Europeo, en una propuesta para implementar la neutralidad entre sus países miembros. Como antes Chile u Holanda, Brasil también la aprobó hace unas semanas. Sin embargo, este consenso periférico no es suficiente. Mientras se llevaba a cabo NetMundial, la Federal Communications Commission (FCC), el ente que regula las telecomunicaciones en los Estados Unidos, anunciaba una nueva propuesta para implementar un sistema en el que los proveedores puedan cobrarle una tarifa extra a los servicios -léase Netflix, YouTube, etc-, a cambio de mayor velocidad, en detrimento de las firmas más pequeñas. La noticia impactó en San Pablo donde la palabra “neutralidad” quedó finalmente ausente del documento de cierre. El hecho fue leído como un triunfo de las empresas de telecomunicaciones.

Ahora el mundo vuelve a mirar hacia el norte. A pesar de los esfuerzos de Brasil, la estructura actual hace que las decisiones de los Estados Unidos tengan un impacto global. La propuesta original de la FCC, alentada por las telcos, fue rechazada por los usuarios y por más de 100 empresas tecnológicas, entre ellas Google, Facebook y Microsoft que afirmaron: “La innovación que hemos visto hasta la fecha ocurrió en un mundo sin discriminación. Una Internet abierta también ha sido una plataforma para la libertad de expresión y la oportunidad de miles de millones de usuarios”. Ante ese escenario, la FCC revisó su proyecto y ahora propone una especie de sistema híbrido donde internet pasa a ser un “servicio público” pero las “vías rápidas” se mantienen y la neutralidad permanece en riesgo. El próximo 15 de mayo, la comisión votará esta propuesta y puede significar un quiebre en la fisonomía digital que conocíamos.

Se vienen meses de guerra. Internet ha crecido; la vieja aldea autónoma se convirtió en la principal economía del mundo y un ring de la lucha geopolítica en esta era post Snowden. Como apuntó Martín Becerra al finalizar la cumbre en Brasil, “el documento de compromiso que se produjo como resultado de la NetMundial puede leerse a la luz de esa tensión entre una quimérica autorregulación y la discusión, conflictiva, de reglas de juego.” En esa tensión, en esa discusión es donde estamos parados hoy. Internet es un territorio de disputa política, económica y social; una esfera pública que depende de negociaciones, acuerdos y leyes. De lo que haga la política, las instituciones y la sociedad civil depende gran parte de su futuro inmediato.

Diego Sánchez
@diegoese

 

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