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Reservas para el desarrollo nacional (por Diego Estrada y Lucía Barbier)

De InfoNews .com. El 29 junio, 2013. En Argentina, Opinión. Tema: , . 503 Vistas

El nivel adecuado de reservas que debe tener el BCRA es producto de una decisión política. Durante los 90, el paradigma dominante era el sostenimiento de un régimen de convertibilidad cambiaria que implicaba una igualdadentre reservas y circulante de manera de poder respaldar en un 100% cada peso en circulación.

Una vez colapsada la convertibilidad, la flotación administrada fue el modelo cambiario elegido. Este no requiere niveles específicos de reservas, pero sí de dotar al BCRA con espaldas suficientes que permitan a la entidad administrar la cotizacióndel peso sin ser presionado por los sectores económicos concentrados. La institucionalización de esta decisión política se vio plasmada en la reforma de la Carta Orgánica del BCRA que derogó los viejos resabios de la política de convertibilidad y puso en la mesa de discusión para qué deben ser utilizadas las divisas genuinas de un país.Este cambio de paradigma permitió la recuperación de la política monetaria y cambiaria como herramientas de un Estado soberano que interviene activamente en la economía. Esta decisión se implementó en simultáneo con dos políticas centrales que permitieron una mayor independencia económica: la acumulación de reservas y el desendeudamiento.

La acumulación de reservas por parte de la autoridad monetaria desde 2003 a la actualidad permitió multiplicar el stock casi por cuatro. Mientras en 2003 la entidad contaba con exiguos U$S 10.501M, actualmente las reservas se elevan a U$S 37.850M. Este stock no tiene, como en períodos anteriores, un origen en el endeudamiento, la venta de los activos nacionales o el ingreso especulativo de capitales, sino que se basa en el genuino superávit comercial que la Argentina ha sabido mantener a lo largo de diez años. Adicionalmente esta acumulación se realizó a la par de un fuerte desendeudamiento que logró reducir el peso de la deuda externa total como porcentaje sobre el PBI desde el 166% en 2002 al 41.5% para fines de 2012. En este mismo período, la deuda en moneda extranjera con acreedores privados se redujo del 75.4% del PBI a tan sólo el 9.3 por ciento. Esta disminución fue fruto de dos canjes exitosos y del incremento del financiamiento intra sector público, que incluye, entre otros recursos, el empleo de reservas. Tan rotunda reducción asegura una menor vulnerabilidad de la economía nacional en su conjunto y otorga al país invalorables grados de libertad para la elección de su propio destino. Se trata, en definitiva, de un logro que será una piedra angular tanto para este gobierno como para los próximos, más allá de su identidad política.

La reforma de la Carta Orgánica habilitó la discusión no sólo sobre qué objetivos debía perseguir la autoridad monetaria y con qué atribuciones debe contar, sino también demolió viejos resabios neoliberales que permitían la sangría permanente de valiosos recursos. La eliminación del concepto de reservas de libre disponibilidad abolió el viejo cinturón de la convertibilidad que ataba la base monetaria a las divisas acumuladas para respaldarla. Como contraparte, habilitó la utilización de las mismas para el financiamiento de la actividad productiva, el desendeudamiento nacional, el financiamiento de áreas estratégicas (como la energética) y otorgó al BCRA mayores instrumentos de regulación cambiaria y financiera. Con estas herramientas el BCRA debió enfrentar el flagelo que arremetió contra el país desde la liberalización financiera de 1977: la fuga de capitales.

Este mecanismo es el que históricamente permitió a los sectores económicos concentrados de la Argentina sacar del circuito económico interno cuantiosos capitales y girarlos al extranjero. Este comportamiento antinacional costó a la Argentina la suma de U$S 177.404 millones en el período 1978-2012. Esta cifra sideral permite echar por tierra las acusaciones mediáticas sobre que la fuga es fruto de alguna “mala praxis” de este gobierno, sino que justamente esta es una consecuencia del accionar de estos sectores concentrados de la economía que son también socios (o dueños) de los medios de comunicación. Es por ello que la fuga atravesó transversalmente todos los gobiernos, más allá de su origen democrático o no, colores políticos, períodos de crecimiento o recesión económica.

La gigantesca capacidad argentina de generar excedentes es lo que explica la existencia de estas impresionantes sumas de dinero que pueden ser fugadas. Sin embargo, si las mismas fueran canalizadas correctamente,financiarían el desarrollo nacional con inclusión social. Contrariamente, la ortodoxia insiste con el mismo recetarioinfalible:1) el ajuste, que sería motorizado por una brusca devaluación que produciría la licuación del salario de los trabajadores y mayores saldos exportables para recomponer las reservas y retomar el ciclo de fuga de capitales, y 2) el endeudamiento, que implicaría retroceder en la historia nuevamente por las sendas del sometimiento y la dependencia.

Pero este gobierno optó por otro camino rechazando el ajuste y la dependencia, comprendiendo que para proseguir con el proceso de crecimiento con inclusión social se torna necesario: 1) la aplicación de controles cambiarios que corten de cuajo la posibilidad de fugar capitales, y 2) la canalización de los excedentes hacia la economía real.En la medida que estos instrumentos se multipliquen y seduzcan tanto a inversores institucionales como a pequeños ahorristas, se generarán las condiciones macroeconómicas necesarias para un desarrollo endógeno y soberano, que en un futuro no muy lejano, verá en retrospectiva a esta década como el inicio de un ciclo de crecimiento inédito en la historia argentina.

Diego Estrada y Lucía Barbier

 

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