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Si la opción es el cambio o la continuidad, pues ganó el cambio (editorial, parte 1)

De NTI. El 1 Noviembre, 2015. En Argentina, Elecciones 2015, Opinión, Política. Tema: , , , . 459 Vistas

A pesar de haber sido aventurado manifestarse en esos términos matemáticos, al afirmar en conferencia de prensa en el Hotel Hilton de Puerto Madero que “un 65 por ciento votó por el cambio, ya ganó el cambio”, puede que Sergio Massa haya acertado el pronóstico político del tiempo por venir.

Claramente el 34,33% de votos obtenidos por el frente Cambiemos y el 3,27 de la Izquierda representan un pedido de cambio en las políticas y gobernantes argentinos. Más complejo discernir la cantidad y profundidad de los cambios representados en los 21, 34% de UNA, 2,53% de Progresistas y 1,67% de los Federales, pero también cambio al fin. Pero ¿todo el 36,86% conseguido por el FpV quieren la continuidad total del proyecto?

Desde la ‘crisis del campo’ allá por el 2008, el gobierno kirchnerista planteo su accionar político en términos binarios: ellos o nosotros, pueblo o anti pueblo, patriotas o cipayos, buenos o malos, etc. Más allá de que haya tenido o no razón, lo cierto es que durante mucho tiempo esa estrategia fue exitosa y le permitió superar innumerables escollos con los que se encontró en su derrotero -muchos de ellos incluso producidos por ellos mismos- casi hasta el final del mandato de Cristina Fernández.

El éxito de ese planteamiento dicotómico se vio reflejado incluso en la adopción del mismo por parte de los opositores, configurándose un escenario Kirchnerista – anti Kirchnerista al que el periodista Jorge Lanata bautizara como ‘la grieta’ y que, por ejemplo, la Unión Cívica Radical ejemplificara en una saga de spots publicitarios: la “argen”-“tina”.

Era lógico entonces que habiendo sido propio de casi todo el mandato de Cristina Fernández de Kirchner, esa dicotomía se apodere también de su final, en los términos planteados en la campaña electoral entre “cambio” o “continuidad”. Y es lo que está en discusión actualmente. Una discusión tan feroz como falaz. Y haber quedado encorsetado en ella es la peor elección tomada por el partido mayoritario de la alianza gobernante, el Partido Justicialista.

El Partido Justicialista es uno de los partidos que conforman el Frente para la Victoria, pero no es el único. Es el más importante en caudal electoral y poder político territorial, sin dudas, pero se dejó ‘gestionar’ por la estrategia de sus socios minoritarios, no peronistas, que plantearon la elección como una ‘continuidad del modelo’ y de los gobernantes actuales, convencidos de que al menos la mitad del electorado (ese 54% de entonces) así lo querían. Pero se equivocaron.

No atendieron el mensaje que les estaba llegando desde las provincias del interior del país donde se habían adelantado las elecciones a gobernador y la estrategia hoy sabemos sólo consiguió el apoyo del 36,84%. Perdió la “continuidad” como lo afirma Massa ¿entonces ganó el cambio?

Creemos que sí, pero nuestro razonamiento lejos de exitista fundado en el mero resultado matemático del comicio, se basa en la observación de las acciones y los actores del propio frente gobernante, antes, durante y posterior a la elección del 25O.

La “continuidad” en términos políticos quedó abortada en el mismo momento en que CFK no pudo imponer a su sucesor y decidió ‘bajar’ al ministro Florencio Randazzo de la PASO consagrando una fórmula de dudosa unidad del FpV con Daniel Scioli y Carlos Zannini.

En aras de esa unidad, y solo como ejemplo, Daniel Scioli abandonó la ‘ola naranja’ de su imagen original incorporando el color azul y el lema “para la Victoria” como síntesis. Pero además asumió como propias las erráticas políticas de los últimos tiempos del kirchnerismo, sin cuestionarlas, por el contrario defendiéndolas a raja tabla.

Hasta las PASO.

Allí tuvo el sciolismo-peronismo una primera manifestación de lo que le esperaba si continuaba en esa tesitura. Obtuvo poco más del 38% de los votos. Y convencido (tal vez por el canto de sirena de las encuestadoras ‘amigas’) de que sólo le faltaban 2  puntos para ganar en primera vuelta sólo atinó a ‘responder’ a la estrategia de Sergio Massa armando un gabinete lo más sciolista posible y bajando a su compañero de fórmula de la imagen.

Pese a que el sciolista-kirchnerista que esté leyendo esta nota lo pretenda negar, la imagen del domingo pasado dejó esto bien en claro. 2 actos. El sciolista en el Luna Park colmado de militantes vistiendo remeras y gorros de color naranja. El kirchnerista-camporista en el mítico Hotel Intercontinental.

Al armar un ‘gabinete’ de ministros ‘naranja’ en el fondo Scioli quiso mostrar al electorado que el suyo sería un gobierno diferente del de Cristina Fernández. No estaba La Cámpora. No repetía ningún ministro actual. Eligió al gobernador de Salta y peronista ortodoxo, Juan Manuel Urtubey, y al presidente del Bapro, Gustavo Marangoni, como sus voceros ante los medios y los mercados. E incluso retomó sus lazos de afecto con el grupo Clarín. Pero no le alcanzó. Mucha ‘sutileza’ para un electorado poco sutil que no supo reconocer esos síntomas de cambio. Obtener en términos relativos, menos votos en la elección general del 25 de octubre que en la PASO del 9 de agosto puso a Scioli en alerta máxima.

“Voy a ser más Scioli que nunca” dijo. Y tomando de suyo alguna de las propuestas de Sergio Massa, como el 82% móvil para los jubilados, la quita de las retenciones al agro y el elevamiento del mínimo no imponible de ganancias a 36 mil pesos de bolsillo, entre otras, dejó en claro que en el fondo el suyo jamás pensó en ser la continuidad del modelo del final del kirchnerismo sino otro. Distinto.

Entonces y como primera conclusión de esta nota podemos afirmar que gane quien gane el ballotage el próximo domingo 22 de noviembre, el que ya ganó, como bien afirmó Sergio Massa, fue el cambio.

… continuará el próximo domingo.

(sólo un adelanto: analizaremos las estrategias de campaña)

 

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