Diario Río Negro

“Tenemos un federalismo de papá y mamá”

De Diario Río Negro. El 16 junio, 2014. En Argentina, Destacado, Opinión, Río Negro. Tema: , , . 471 Vistas

Anahí Tappatá es economista egresada de la Universidad Nacional del Sur con una dilatada experiencia en políticas públicas. Fue detenida por la última dictadura militar permaneciendo casi tres años en la cárcel de Devoto. Miembro de la Fundación Mediterránea, hoy es secretaria de Gobierno del municipio de General Roca.

La economista fue también convencional del Partido Justicialista por Río Negro en la reforma de la Constitución Nacional de 1994. En una entrevista concedida al periodista Carlos Torrengo del diario Río Negro, pasa revista al débito que aún se mantiene con mucho de lo decidido hace 20 años.

— Fue una convencional muy activa en la Constituyente del ´94. ¿A 20 años de aquella reforma, cómo la reflexiona?

— Ha incidido poco o nada. Quizá el único logro se dé en el campo de los derechos es el del medio ambiente. Pero no más.

— ¿Hay que interpretar que la reforma está en potencia o simplemente en estado neutro en relación a sus objetivos?

— Yo reflexiono su nula proyección en términos de cuestiones de trascendencia que trató y sancionó. Trabajé en la Comisión de Asuntos Federales. Y en la cuestión federal, un tema que hace a equilibrios y justicia, entre otros rangos -el de los recursos nacionales- no hemos avanzado nada de nada…

— ¿Cómo definir el fracaso en ese campo?

— Seguimos teniendo un federalismo de papá y mamá. O sea un federalismo unitario donde Nación hace y deshace, como papá y mamá en cada casa. Maneja los recursos del conjunto a su placer. Nación concentra el grueso de las potestades tributarias y, en ese marco, maneja la coparticipación con criterio de papá y mamá. En la práctica concreta de ejercicio de ese poder, “tanto para este, tanto para aquel”. En materia de potestades tributarias, por caso, la reforma no generó nada. Entonces, de hecho, seguimos teniendo un escenario donde Nación y provincias cobran todo tipo de impuestos directos e indirectos. Manda la anarquía, las contradicciones.

— La reforma establecía y obligaba, vía su artículo 75, que en el plazo de dos años de ser sancionada se dictara una ley de Coparticipación que -digamos- dignificara la relación Nación-provincias en materia de recursos. Pero no se ha sancionado. Existe consenso en que las exigencias que se establecen para sancionarla anulan en sí mismo esa posibilidad. ¿Cuál es su opinión?

— Sí, es cierto: existen requisitos que tornan dificultosa esa sanción, contradicciones concretas de intereses provinciales en materia de recursos a percibir, a ceder, etcétera. Pero todas estas dificultades no son ajenas a una cultura, un tramado de conductas e imaginarios que vienen de muy lejos en nuestra historia: la imposibilidad de debatir racionalmente políticas nacionales, o sea para el conjunto. Si ahora, a 20 años de ser reformada, ponemos en términos de fracaso mucho de la Constitución surgida en Santa Fe, esa imposibilidad está en el ajo del problema. Pero esa imposibilidad no es neutra: la fogonean intereses concretos. No digo nada nuevo al señalar que las palabras siempre expresan algo. Pero en la relación Nación-provincias, hay términos que ya forman parte de una cultura en la que mucho del poder político se siente cómoda: “auxilio”, “acuerdo”… Mire, a lo largo de estos 20 años a los gobiernos provinciales -salvo honrosas excepciones- no les preocupó ser eficientes en el manejo financiero de sus gestiones. ¿Para qué meterse en ese trámite que obliga a leer realidades, a pensar, a manejar criteriosamente convergencias de realidades, a decir “no”… para qué ir por ese camino si está papá y mamá -Nación- que nos “auxilia”, “acuerda”… ¿Para qué ser eficiente en la recaudación interna de impuestos provinciales si, para pagar los sueldos estatales, tengo a papá y mamá?

— Ante una cultura de esta naturaleza, ¿dónde está la sociedad?

— Forma parte de ella, claro. De una manera u otra, todos formamos parte de ella. Individualismo, ausencia de compromiso. Todo esto más allá de actitudes y conductas de este o aquel sector.

— El artículo 124 de la Constitución reformada planteaba la creación de regiones entre provincias a fin de promover el desarrollo conjunto de esas áreas. Proponía, de hecho, una forma de cierta cartelización de oportunidades. ¿Cómo reflexiona el presente de ese artículo?

— No se ha hecho nada. Salvo en el norte (donde hay ciertas intenciones-decisiones entre Salta y Jujuy, lo que de hecho y más por peso de sus propias historias suelen plasmar Córdoba y Santa Fe), no hay en rango de concreto mucho más. Incluso Daniel Scioli, que más que una provincia maneja dos países -la provincia de Buenos Aires y el conurbano- en su momento habló y puso a Santiago Montoya a cargo de juntar y ordenar ideas, de regionalizar la provincia de Buenos Aires. Pero no sé de ningún avance en esa dirección. La región Comahue es un ejemplo concreto de que no se ha hecho nada en esa materia. Sólo declaraciones de buena voluntad. No se avanzó -por ejemplo- en temas que hacen a integración regional. No hay legislación pareja en materia laboral, de turismo, transporte…Nada.

— Durante el debate por la reforma, en más de una oportunidad usted insistió en que uno de los problemas más graves que tenía el país en materia de distorsiones institucionales, eran los regímenes laborales que priman en el aparato de Estado…

— Ha sido y es una de mis obsesiones…

— ¿Mudó algo eso que usted llegó a definir como “una anarquía suprema entre nuestras muchas anarquías”?

— También aquí muy poco, en todo caso mudanzas muy imperceptibles. Cada sector del conjunto del aparato del Estado provincial y nacional tiene su propio régimen sobre, por caso, derechos, licencias, temas de salud… cada uno en lo suyo. Y esto genera injusticias, pugnas por mejorar posiciones, distorsiones, ausencia del sano criterio de meritocracia… de todo. Mire, en Mendoza, la Orquesta Sinfónica tiene su propio régimen de derechos y obligaciones…

— ¿Y el futuro en términos de vivir bajo imperio de la Constitución?

— Y… a esta altura de la velada… ser optimistas… bueno… “Y a este flaco lo premian”

– ¿A qué convencionales en la reforma del ´94 recuerda -en el marco de la Comisión de Asuntos Federales- como dedicados de lleno al tema de la coparticipación?

– A Antonio Cafiero y a Rubén Marín, por entonces gobernador de La Pampa. Experiencia política y de gestión. Buen estilo para reflexionar. Ideas. Me sentí cómoda trabajando con ellos. Recuerdo que cada vez que Horacio Massaccesi aparecía en la Convención y Marín reflexionaba: “¡A este flaco sí que lo premian..! Tiene al Banco Provincia y las empresas provinciales en la lona, agujeros financieros por todos lados, pero el “Turco” Menem lo auxilia y auxilia. A los gobernadores que administramos bien nuestras provincias, ¡minga!”

– ¿Minga por “Mingo”?

– Minga por minga. Pero en todas las comisiones hubo convencionales trabajadores y otros de media máquina.

– ¿Quiénes en este caso?

– Los “fueguito de fósforo”, así se los definía. Habían llegado con verbo encendido, asumidos en trazar un antes y un después con su participación en las deliberaciones. Pero dijeron alguna cosita y chau. Desaparecieron, se apagaron, mutis por el foro…

– ¿Quiénes eran “fueguito de fósforo”?

– Entre otros, dos que venían con pergaminos muy intensos en política: Mary Sánchez de CTERA y “Chacho” Álvarez.

 

Fuente/Autor Diario Río Negro

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