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Todos los logros de Luciana Aymar, en su extraordinaria carrera

De NTI. El 8 diciembre, 2014. En Argentina, Deportes, Destacado. Tema: , , . 571 Vistas

En su paso por el seleccionado argentino, Lucha ganó 14 medallas de oro, 7 de plata y 4 de bronce; además, fue elegida en ocho ocasiones como la mejor jugadora del mundo; jugó 376 partidos y marcó 161 goles.

En su paso por el seleccionado argentino, Luciana Aymar consiguió dos campeonatos mundiales, cuatro medallas olímpicas, tres preseas doradas y otra plateada en los Juegos Panamericanos y seis Champions Trophy .

Además fue nombrada en ocho temporadas como la mejor jugadora del mundo y recibió el premio “Leyenda del Hockey”, otorgado por la FIH por la cantidad de veces que ganó el premio citado con anterioridad.

Estos son todos los lauros conseguidos por la rosarina:

  • Medalla de oro en el Panamericano Junior de Chile 1997. Medalla de bronce en el Mundial Junior de Corea 1997.
  • Medalla de oro en los juegos Panamericanos de Winnipeg 1999.
  • Medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000.
  • Medalla de oro Copa Panamericana de Jamaica 2001.
  • Medalla de oro en el Champions Trophy de Amstelveen 2001.
  • Medalla de oro en el Mundial de Perth 2002.
  • Medalla de plata en el Champions Trophy de Macao 2002.
  • Medalla de Oro en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo 2003.
  • Medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.
  • Medalla de bronce en el Champions Trophy de Rosario 2004.
  • Medalla de oro en la Copa Panamericana de Barbados 2004.
  • Medalla de bronce en la Copa del Mundo de Madrid 2006.
  • Medalla de plata en el Champions Trophy de Quilmes 2007.
  • Medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Río De Janeiro 2007.
  • Medalla de oro en el Champions Trophy de Monchengladbach 2008.
  • Medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.
  • Medalla de oro en el Champions Trophy de Sydney 2009.
  • Medalla de oro en el Champions Trophy de Nottingham 2010.
  • Medalla de oro en el Mundial de Rosario 2010.
  • Medalla de plata en el Champions Trophy de Amsterdam 2011.
  • Medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011.
  • Medalla de oro en el Champions Trophy de Rosario 2012.
  • Medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.
  • Medalla de bronce en la copa del Mundo de La haya 2014.
  • Medalla de oro en el Champions Trophy de Mendoza 2014

Además ganó el premio a la mejor jugadora de la temporada que otorga la FIH en los años 2001, 2004, 2005, 2007, 2008, 2009, 2010 y 2013. Y fue consagrada como “Leyenda del hockey” tras haber obtenido el premio por quinta ocasión en el año 2008.

Durante su paso por el seleccionado nacional, jugó 376 partidos y marcó 161 goles.

De aquella flaca tímida y habilidosa a un ícono que transcendió el hockey

Desde hoy mismo, Lucha inicia un camino incierto, un sendero que probablemente la mantenga vinculada con el hockey sobre césped. Pero con toda seguridad, en estos primeros meses sufrirá el desarraigo de esta disciplina que la llevó a convertirse en una joya en la historia del deporte argentino. Como ella dice: no hay nada que reemplace a la adrenalina del juego en busca de la gloria.

Cuando era una nena de 8 años y jugaba a cuanto deporte podía allí en Fisherton, no imaginaba cómo sería su futuro. Introvertida, ensimismada, eran tiempos en los que estaba rodeada por su papá René, su escudo protector; su mamá Nilda, quien más la escuchó; su hermano mayor, Fernando, otro guardia de su alma, y su hermana Cintia, la Flaqui, su gran compinche, su gemela sin serlo.

Practicó natación, patín, danza. Actividades recomendadas por el pediatra tras un diagnóstico severo por problemas posturales. Resulta que era muy delgada y con los hombros demasiado para adelante. Nilda la anotó en los tres deportes en simultáneo y ella los tomó como pudo, porque sintió en la piel el pavor de sumergirse en el agua.

Al final, su vida deportiva se decantó por el hockey y todo se desencadenó como un relámpago, tal como su estilo para conducir la pelota. Arrancó como una líbero “irresponsable”, porque recogía la bocha y se iba para adelante sin pensar en obligaciones defensivas. Enseguida asimiló ese espíritu lúdico del juego que no abandonó hasta el último día con la camiseta celeste y blanca.

El salto del Club Atlético Fisherton al Jockey Club de Rosario, su debut en primera división a los 16 años y sus sueños vivos de selección; viñetas de una crack que fue alumbrando a fuego lento. En el primer semestre de 1995, una concentración nacional de juveniles en Rosario significó la puerta de entrada a su ilusión de emular en algún punto a su máximo ídolo, Diego Maradona. El entrenador del seleccionado femenino de aquel entonces, Rodolfo “Chiche” Mendoza, viajó personalmente para definir la elección de jugadoras y de ahí surgió el nombre de esa pibita de 17 años que mostraba muchas condiciones.

Guillermo Santini fue quien la recibió entre las juniors, con la particularidad de que ella era la menor de todo el grupo. Al margen de su edad, su talento era tan llamativo, sus malabares eran tan especiales, que empezó a entrenarse simultáneamente con el seleccionado mayor. Luciana misma no se daba cuenta de su potencial ni podía adivinar cuál sería su futuro, solo seguía desprendiendo magia con el palo. Como si nada.

Estuvo muy cerca de ir con las mayores a los Juegos de Atlanta ’96, pero Chiche se inclinó por chicas más experimentadas. Así y todo, debutó en el seleccionado principal un par de meses antes de aquella cita olímpica, en unos amistosos en Gran Bretaña. En el segundo tiempo de uno de los tests le tocó ingresar por una referente y de carácter fuerte, María Paula Castelli. “¿Justo María Paula, Chiche?, ¡Sacá a otra!”, le rogó Luciana al DT por el respeto que le tenía a la delantera. “¡Entrá por María y punto!”, se enojó el técnico, tal como se refleja en su libro biográfico, “Corazón de Leona”. Más allá de esos primeros temores, Luciana se fue familiarizando con el seleccionado gracias a su experiencia en el Mundial Junior de 1997, en Seongnam, Corea del Sur, donde la Argentina finalizó tercera.

Ya en el Mundial mayor de Utrecht 1998 comenzó a forjar su destino de leyenda. “Juega con la habilidad de un paquistaní”, comentaba por entonces Sergio Vigil, su técnico desde aquella época y la persona que más la marcó en el aspecto hockístico. Cachito la exigió al máximo, la retó, no le perdonó una porque sabía que sería grandiosa en lo suyo. Le propuso trascender como la mejor deportista del mundo, más allá de lo físico, lo técnico, lo táctico y lo mental. Tenía que ver con el desarrollo del “ser” deportista, y en esa propuesta estaban involucrados los valores. Ella aceptó el desafío y luego fue galardonada como la mejor del planeta en el hockey en ocho temporadas.

A partir de su despegue, todo lo conocido: los torneos, las giras, las medallas y el sinnúmero de distinciones personales. A la par, su protagonismo bajo la dirección de Vigil, Gabriel Minadeo, Carlos Retegui, Marcelo Garraffo, Emanuel Roggero y Santiago Capurro. “Para mí el hockey fue mi vida y postergué todo por él. Entonces, es lógico que este deporte me haya sacado cosas. A mi carrera la puse por encima de todo, sentía que iba a revolucionar la Argentina en este deporte y de la única forma que podía hacerlo era teniendo la disciplina que tuve. Llegué a pelearme con un montón de gente por pensar así. Y así me perdí de tener una vida relativamente normal. Pero lo volvería a elegir, porque esto es mi vida, mi pasión”. Así siente un ícono para las nenas de cualquier rincón del país que sueñan con ser Leonas. En Lucha tienen el modelo de perseverancia, liderazgo, humildad y conducta deportiva que se necesita para trascender.

Se despidió esta inmensa jugadora que en su carrera atravesó todos los estados: la felicidad en equipo, la consagración colectiva e individual, el reconocimiento, la amargura de la derrota, el reposo obligado y otra vez la recuperación para atesorar un podio. Siempre se reinventó para ser mejor. La N° 1 de la historia. Ahora le toca asumir un nuevo período de su vida. Una etapa para redescubrirse como mujer y volver a sentirse plena.

Fuente: Cancha Llena, La Nación.

 

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