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“Vida narco” una nueva cultura en torno al creciente negocio del narcotráfico en Rosario

De Agencia Telam. El 12 junio, 2013. En Argentina, Especiales. Tema: , . 1343 Vistas

Un informe de investigadores rosarinos bucea en las consecuencias sociales, económicas y culturales que trae aparejadas el creciente negocio del narcotráfico en Rosario, ciudad que por estos días alcanzó la cifra de 100 muertos en lo que va del año por enfrentamientos entre bandas armadas asociadas a la compra venta de drogas.

El documento asegura además, que la detención y procesamiento del jefe de la policía provincial, Hugo Tognoli acusado de connivencia con el narcotráfico, junto con las noticias de asesinatos y balaceras sin, aparentemente, control policial, ayudó a destruir la “Marca Rosario”.

Al menos tal como se la conocía hasta ahora, un esfuerzo de marketing de los 24 años de gobiernos socialistas destinado a posicionar a la bella ciudad santafesina en el mercado global para atraer inversiones a la vez que presentar las transformaciones de Rosario como producto de políticas públicas del partido Socialista Popular.

Sin embargo, en los últimos años, dice el informe, la imagen de una Rosario “moderna”, -que incluía la despreciada por sus gobernantes llegada masiva de migrantes del norte provincial y de la vecina Chaco-,”cosmopolita, turística y negocios urbanos friendly” dió lugar a otra ciudad, sobre todo en la periferia, con una febril actividad económica en torno a la compra venta de drogas, superada por la soja y el negocio inmobiliario.

El trabajo, que lleva la firma del Club de Investigaciones Urbanas, un colectivo de jóvenes sociólogos, psicólogos y también artistas y fotógrafos de la segunda ciudad del país, detalla además, el surgimiento en los barrios periféricos, asentamiento de las bandas traficantes de droga, de una cultura a la que los autores llaman “vida narco”.

“El crecimiento exponencial del negocio narco trae aparejados confictos de intereses con saldos sangrientos. Así, existe un pasaje decisivo: la noción de barrio, tal como la entendíamos, en el sentido culturalmente construido de vecindad, entra en severa crisis. Los barrios periféricos estallan y se segmentan en microzonasregidas por los códigos de cada banda. Vivir de un lado u otro de una calle o avenida, lo mismo que trasladarse de un punto a otro, puede significar la pertenencia o adherencia compulsiva a una banda o a su contrincante”, indica el documento.

También precisa que las bandas armadas no sólo usan la fuerza como modo de operar en los barrios sino que prodigan apoyos a centros comunitarios y eventos sociales, contienen la protesta social y hasta realizan pequeñas obras de infraestructura en las zonas donde actúan o están asentados.

Eso habla de un fenómeno, continúa el informe publicado en Facebook, que a esta altura ya es un sistema que “convierte a los soldaditos -punta conocida de este iceberg- en sostén de familia y a madres en dealers como atajo para la supervivencia”.

En otro párrafo del novedoso informe, se busca analizar el comportamiento de los chicos “el caso de la práctica de ser soldadito. Ya de por sí, el nombre invoca a una de las estructuras existentes más jerárquicas: la militar. El soldadito, hombre de base y armado, se inscribe y participa en esas bandas sumamente verticales, donde el principio de autoridad y la cadena de mando debe ser respetado sin más”.

“Jóvenes, casi niños o casi adultos, asumen posiciones de subordinación estricta, que probablemente no hayan experimentado jamás, ni en la escuela ni en la familia. Ni siquiera en la banda del barrio, donde el código es más horizontal, entre pares. El narcotráfico funciona como una suerte de institución disciplinante de nuevo tipo”, describe el trabajo.

La cruda descripción de la periferia rosarina, incluye el reverdecer, en paralelo y como contracara, de experiencias autogestivas de “movidas culturales populares” con un fuerte protagonismo del movimiento murguero continente de expresiones de arte y cultura con bandas de rock, grupos de folklore, hip-hop, entre otras.

Todo un esfuerzo en torno del carnaval, de hecho mucho más que un festejo anual, en el que se busca crear un marco de encuentro en el que no están permitidas las drogas ni el consumo del alcohol. Una figura convoca, Pocho Lepratti, el militante popular asesinado en diciembre del 2001 por la brava policía santafesina.

Fuente/Autor Agencia Telam

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