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Vivienda, llame ya

De NTI. El 17 junio, 2012. En Argentina, Destacado, Economía. Tema: , , . 571 Vistas

Tras el anuncio los pedidos de financiación no se hicieron esperar. La opinión de un experto. Cómo es la cocina de este plan que tiene como principal eje el de materializar un derecho constitucional: el de la vivienda digna.

Entre el martes 12, cuando la Presidenta anunció el plan de financiamiento de la casa propia y el viernes 15, los teléfonos y los correos electrónicos de la Anses explotaron: seiscientos mil pedidos de entrevistas. Lo interesante es que, pese a lo repentino de la novedad, aun para los propios directivos y empleados de la Seguridad Social, ya fueron concedidas 75 mil reuniones. Los momentos de gloria de la política son aquellos en los cuales la agenda de la sociedad y las iniciativas de los dirigentes van de la mano. Más destacable es cuando no se trata sólo de la adhesión popular sino cuando el Gobierno toma el compromiso de poner toda la carne en el asador para resolver uno de los mayores anhelos de las clases populares: una vivienda propia y digna, una vivienda a la cual se pueda acceder con el compromiso de pagar, mes a mes y durante muchos años, la cuota del préstamo. Desde la crisis de 2001, el reducido sector financiero tuvo muchas dificultades para crear un mercado de capitales que financie el largo plazo. Tanto para las inversiones de largo plazo en reconversión industrial o investigación y desarrollo de empresarios –grandes o pymes– como para solucionar el delicado déficit habitacional de muchísimos trabajadores que tienen ingresos razonables pero tienen que pagar un alquiler elevado o tener una vivienda precaria, muchas veces sin títulos catastrales.

El anuncio de Cristina, en un momento de crisis en los países centrales y después de las burbujas inmobiliarias en Estados Unidos y España, no es una muestra de temeridad sino la certeza de que es preciso encarar al mismo tiempo los dos andariveles de la democracia: la inclusión social vía la redistribución de ingresos y la utilización de herramientas de corte keynesiano para fortalecer la demanda y evitar que la economía entre en una meseta o una caída. En la medida en que los beneficiarios de estos créditos puedan mantener sus trabajos y sus niveles de ingreso no decaigan, puede afirmarse que no se trata de préstamos de riesgo. Este es un tema importante en la memoria reciente argentina: a la crisis de 2001 se llegó no sólo por el corralito sino también por una vieja maña de empresarios ricos con empresas pobres, acostumbrados a tomar créditos que no saben cómo van a pagar y en consecuencia creaban sociedades fantasmas que luego se presentaban en quiebra o ponían campos en garantía y luego le trasladaban los pasivos al Banco Nación y a otros bancos. Así se incentivaban las medidas que finalmente conducían a que los costos de las crisis recayeran sobre las espaldas de los más desposeídos. Es decir, una traslación de ingresos de los asalariados, sectores medios y pymes hacia los sectores más concentrados de la economía.

Un dato no menor es que el creador del Banco de los Pobres, Mohammad Yunus, insiste en que los pobres son los que siempre devuelven los créditos. Sean microcréditos de cortísimo plazo para trabajo o de vivienda. La lógica de este plan tiene como principal eje el de materializar un derecho constitucional: el de la vivienda digna. Pero, además, desafía a la lógica de las finanzas en la era en que los banqueros se cansaron de crear “derivados financieros” que fueron una manera más de esquilmar a los pueblos. La Argentina de 2001 se convirtió en una prueba de ensayo de lo que ahora se vive en Europa continental con el cepo del euro y las recetas del Banco Central Europeo. La Argentina de 2012 –con un sector financiero todavía regido por una legislación perversa dictada por la última dictadura– se anima a buscar un camino para fondear la vivienda popular. Lo que espanta a algunos analistas financieros es que la tasa de interés está por encima del crecimiento de los precios. Al revés de lo que ellos piensan, eso es precisamente lo bueno: que junto con la creación de las líneas de crédito, el Estado, sin proclamarlo, asume un compromiso con la creación de recursos fiscales y financieros que permitan cerrar el círculo.

Cómo se Procrea. La esencia del plan es la responsabilidad del Estado en fondear el crédito. Pero, además, en disponer de una cantidad de terrenos (en principio unas 1.870 hectáreas de tierras fiscales nacionales, a las que se les sumarán las que cedan las provincias) y, en tercer lugar, de intervenir en “mercados imperfectos”, como el del precio de los insumos de la construcción, para evitar precios especulativos. Hay que destacar que son créditos para la construcción y no para la compra. Y que éstos no se encararán como tradicionalmente se hizo la vivienda social con urbanizaciones de grandes edificios, sino que –probablemente y en la mayoría de los casos– tenga como constructores a los propios beneficiarios y a las pequeñas empresitas o cooperativas, ya que no se trata de escalas para las grandes empresas.

El Tesoro de la Nación realiza una inversión de unos 3.000 millones de pesos –que surgen del presupuesto público–, con lo cual se fondearán las primeras 10 mil a 15 mil viviendas, teniendo en cuenta que los beneficiarios recibirán entre 200 mil y 350 mil pesos. Es muy difícil calcular ahora cuántos créditos se otorgarán de manera más o menos inmediata, ya que el Decreto 902 sí establece dos momentos: 2013 y 2015. Entonces, entre lo que queda de este año y el siguiente deberán ponerse en marcha 100 mil créditos, mientras que en los próximos dos años (2014 y 2015) se deberán otorgar 300 mil.

Un error común es creer que el financiamiento correrá de modo directo de los fondos de la Anses, pero el mecanismo es más complejo y conviene detenerse en ello para evitar el pánico de que “se está timbeando la plata de los jubilados en vez de pagar los juicios”, como sostienen muchos comunicadores que quieren denigrar en vez de Procrear. El Gobierno Nacional cede al Fondo Fiduciario (Programa Crédito Argentino del Bicentenario para la Vivienda Única Familiar-Pro. cre.ar) bienes inmuebles de la Onabe (Organismo Nacional de Administración de Bienes), de las Fuerzas Armadas y de otras dependencias públicas. A su vez, Pro.cre.ar emite Valores Fiduciarios de Deuda (o Valores Representativos de Deuda) que, en principio, los tomaría la Anses pero que también pueden ser tomados, como cualquier título, por otros organismos públicos o bancos o empresas (dado que se cotiza en oferta pública, en principio también en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires).

Con esos recursos –que constituirán un combo con distintos plazos– se pone en marcha un plan que genera trabajo en un momento difícil y que mueve el mercado de insumos para la construcción. Para entender y subrayar el corte keynesiano, los trabajadores que se ocupen en esto pagan los aportes previsionales, los insumos pagan IVA, las empresas pagan ganancias y en vez de enfriar la economía se generan recursos para que, con ese mismo crecimiento, el Estado recupere parte del crédito. Si todo funciona, deberían crearse unos 100.000 nuevos puestos de trabajo directos y otros 100.000 indirectos.

Respecto del papel del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses, tiene límites por su propia constitución, ya que la tasa a la que coloca su dinero debe ser equivalente a como la viene invirtiendo. Es decir, el organismo de la seguridad social no puede participar de este plan hipotecario desfinanciando el fondo. El total de la cartera del FGS para fin del año pasado era de 199.490 millones de pesos y tenía invertido el 58,2% en títulos públicos; el 13,9% en proyectos productivos; el 11,7% en plazos fijos bancarios; el 8,9% en acciones y títulos privados. En la actualidad, el FGS llega a los 210.000 millones. Es decir, aporta en la Asignación Universal por Hijo, en Conectar Igualdad y otros planes sociales, además de hacer frente a los pagos de jubilaciones y pensiones. Por las responsabilidades que asume, no puede financiar un fondo que presta dinero a lo que en la jerga financiera se llama tasa negativa y que en términos de políticas sociales podría llamarse una tasa muy positiva para los trabajadores.

De modo que la ingeniería financiera se hará a través de los mencionados Valores Representativos de Deuda que los primeros cinco años cotizarían a una tasa negativa y que luego se ajustarán a una tasa mayor según el rendimiento de la cartera de préstamos hipotecarios. En síntesis, pierde contablemente el Estado porque paga la diferencia de tasas entre –por un lado– la colocación de títulos y la toma de deuda y –por el otro– la que financia a los que construyen su vivienda única. Lo que contablemente puede ser pérdida, en términos de ciudadanía es ganancia pura. Es cumplir con el anhelo de cientos de miles de ciudadanos. Es materializar un derecho constitucional. Es cumplir con la esencia de un proyecto nacional y popular.

Fuente: Miradas al Sur

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